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viaje a la semilla

Maurizio Medo: LA POESÍA PERUANA ES SUBTERRÁNEA

por Esther Sandoval


Maurizio Medo (Lima, 1965) reaparece en su ciudad natal luego de un par de años alejado de los circuitos poéticos con motivo de la presentación de sus últimas obras, El hábito elemental y Manicomio, en un evento titulado REGIS VERBUM.

- Cito al crítico Felipe Ruiz: "En este momento es que creo ver que la publicación de Manicomio, de Maurizio Medo, entronca con la posibilidad de un nuevo decir. No es, desde luego, un nuevo decir - y esto me encargaré de recalcarlo a lo largo de este texto -, pero entronca ya en los límites de lo decible por un latinoamericano ad portas de una nueva era. No se trata aquí de machacar sobre la manida cuestión de lo decible o lo indecible en términos de lo excelso o lo terrible, sino de insistir en que este libro es uno de los más importantes publicado en Chile durante la última década y quizás uno de los más trascendentales en Latinoamérica en su último período". A Ud se le vincula mucho con la poesía chilena.
- Empecemos por el final. Me parece que Carlos Germán Belli oportunamente ya se refirió al estrecho vínculo que chilenos y peruanos hemos tenido a través de la historia. Ahora, bien, y esto es un decir absolutamente personal, a Chile me une un enorme cariño. Yo no creo en eslóganes. Aquello de "Chile: tierra de poetas" Es una relatividad. Y lo es porque la coyuntura histórica imposibilita el parcelamiento de un espacio, Latinoamérica, en aldeitas. Chile tiene actualmente a uno de los poetas fundamentales de la poesía castellana, Raúl Zurita. Siento que Raúl es dimensionado en su real valía solamente por un sector de los poetas del 90 y por otro, mayor, conformado por los de la Novísima. Aquí encontramos una segunda relatividad, ¿"un país de poetas" puede ser tan obtuso de maltratar a uno de los más grandes de los suyos? Entonces, así como con Chile me une ese cariño, también le tengo algo de bronca por su astigmatismo literario, por sus erupciones de envidia. Otra de las virtudes de Raúl, ¿le canso?

- No, no siga por favor...
- Es que su obra poética, ese monumento estético que ahora enfila hacia lo crítico con ese libro espectacular llamado Los países muertos, no se restringe únicamente a la escritura sino a la divulgación de obras que en Latinoamérica resultan fundamentales. Cantares, por ejemplo, esa antología de la joven - no hablemos de nueva- fue concebida como un enorme poema colectivo desde donde muchos pudimos acercarnos a la obra de Héctor Hernández, de Paula Ilabaca o de Felipe Ruiz. Fue un extraordinario aporte pésimamente interpretado.

- Le preguntaba por las declaraciones de Felipe Ruiz
-
Cuando Baudelaire hablaba de la pureza de la crítica reclamaba para ella algunas condiciones. Para que sea pura -decía- debe de ser parcial, apasionada y política.

- ¿Ha leído Ud Los Países Muertos?
- Por supuesto, desde su gestación y, la verdad, me sorprende cómo algunos críticos buscan desnaturalizar, por ejemplo, el homenaje que hace Zurita a Maquieira. Cómo propician encontrarlos, enconarlos. Felizmente ambos poetas estás muy por encima de sus críticos que serían como una congregación de Clementes Palmas rodeando a dos Vallejos, si me permite la comparación.

- ¿Cuál es su opinión de la poesía que se viene haciendo en Chile?
-
Esa respuesta ha sido ya en parte respondida. Si Chile es el espacio donde se escribió Putamadre o Segunda Mano -libros editados en el Perú, señorita- Si en este mismo castro Paula Ilabaca rubricó La ciudad Lucía y Felipe Ruiz Cobijo debería usted de suponer que, en lo personal, considero que atraviesa un momento interesantísimo. A ello agrego algo más: los jóvenes chilenos tienen virtudes a emular o, mejor, a aprehender: escriben ajenos a esa concepción recalcitrante de localismo; poseen una conciencia cabal de lo que implica una obra; apuestan no por el paisito y su ideosingracia (Maquieira dixit) sino que van más allá. Existe una conciencia de la poesía como un no-lugar (Milán), de la expresión poética como algo fractal (Courtosie) Es de las mejores.

- ¿Y si la comparamos con la peruana?
-
Hace unos días releí con atención Mundo Arcano de Paolo de Lima, un libro que la crítica no supo o no quiso leer en su momento. Veo en ese libro, por ejemplo, esa conciencia de obra a la que me refería. Toda comparación es una ofensa. ¿Qué prefiere Ud La Odisea o La Divina Comedia? Así como hablo de Mundo Arcano, gracias a Chile (específicamente a Héctor Hernández) pude acceder a las óperas primas de Giancarlo Huapaya y Miguel Ángel Malpartida. Les debo a ellos esa sorpresa que pocos libros nos causan. Pero hablo de recién aparecidos. El Perú tiene una poesía extraordinaria en la que coexiste un poeta neobarroco que viene consolidando una obra notable como Rafael Espinoza junto a otro como, por ejemplo, Alberto Valdivia, quien le da una vuelta de tuerca al concepto de lo neobarroco o neobarroso. Hay más, la obra de Luis Fernando Chueca, especialmente en Contemplación de los cuerpos contamina lo intocado por la concepción académica de "poético". Anterior a ellos está Raúl Mendizábal. Su libro dedeálade abre las fronteras poéticas entrecruzándolas con otros lenguajes. No me haga pisar el palito de autores rankeables, el Perú carece de un mainstrean. Felizmente la poesía, huérfana de apoyo estatal y privado, mantiene esa subterraneidad que reclamaba para ella Bretón.

- Rafael Courtosie en su ensayo Una escritura de la verdad a propósito de su libro La Trovata sostiene: (...) una de las características detectables en la propuesta textual de Maurizio Medo: la fundación de una escritura de la verdad, a través del ejercicio poético, una escritura que siendo un ingenio humano -cultural- se presenta como "natural" a partir de su construcción peculiar, plantea sus propias leyes de sistema y de resolución significante.
- La Trovata está próxima a salir. Creo que toda propuesta de lenguaje plantea, como dice Rafael, sus propias leyes de sistema y de resolución significante. Algo que me halaga es que La trovata, y en esta perspectiva coinciden dos poetas tan distintos como Raúl Zurita y Roberto Echavarren, es que se trata de una puesta en escena en donde se entrecruzan distintas asimilaciones de lo que es el fenómeno poético desde un "canto de los pobres", pues el lenguaje es una síncresis de las hablas populares latinoamericanas en donde reverberan las voces de los hijos de la Machepa (la madre de los pobres) en la Urbanización Latinoamérica a fin de contaminar el concepto de lo bello.

- Conversábamos que para Ud El hábito elemental, Manicomio y La trovata son una trilogía de la misma obra. ¿Es así?
-
Son partes de la misma obra en la medida en que se rompe con la tríada platónica para llevar lo poético a la cuarta dimensión, la de Apollinaire; son parte de la misma obra porque el espacio ES el lenguaje; son parte de la misma obra porque son libros, de acuerdo con Mazzotti, en donde se privilegia más al canto que el cuento; son partes de la misma obra porque estoy convencido de que la abolición del yo poético surge desde su afirmación. En El hábito elemental, que es la poesía, el yo está más presente que nunca. Y es biográfico en la medida en que comprendamos que el yo es una inventio del tú amante y amado, en este caso el yo es un tú, mi esposa. Algunos editores han mostrado interés por publicar los tres libros en uno. ¿Cuál es el orden? Me preguntan. Pues no lo sé. Depende del lector. Hernández dice que debiera de articularlos de la siguiente manera: La trovata, El hábito elemental y Manicomio. Esa es una visión (además el tipo está felizmente loco) Insisto,depende del lector.

- Su obra es muy bien acogida por los jóvenes latinoamericanos, ¿ocurre lo mismo en su país?
-
(Risas) No. Lo que pasa es que recién los peruanos estamos siendo conscientes de nuestra latinoamericanidad. En el Perú mi obra circula en espacios cerrados, en clanes, conformados fundamentalmente por los poetas a quienes yo admiro. No me obligue a mencionarlos. Lo que sí, le confieso, me siento muy halagado de que un paisano ¡y encima poeta¡ esté animado con la posibilidad de realizar un estudio de mi obra. Finalmente mi amigo Juan Salaverry tiene razón. La poesía se cocina como la carne en una parrillada, a fuego lento.

- Entiendo que presentará sus últimas producciones en Lima, ¿qué lo motiva?
-
En Lima tengo detractores ¿sabe? Pero son divertidísimos. Le buscan la quinta pata a mi obra sin tener acceso a ella. Entonces ¿qué mejor que accedan para un ejercicio más elegante del chaqueteo sin caer en el ridículo? Pero no voy por ellos, no. Es un motivo personal. Este año son ya 25 años que salí del colegio, Bodas de Plata, como le dicen y para mí es algo trascendente compartir con mis compañeros de La Inmaculada esto, lo que escribo. Por eso la actividad en la que se presentarán El hábito elemental y Manicomio se llama REGIS VERBUM. Mi promoción se llama San Juan Francisco de Regis. Ese Regis (que en latín es rey o conductor) fue un poeta, ¿sabe? La comunidad religiosa lo criticaba por el lenguaje que usó para llegar al otro. Para mí es un santo heterodoxo.

- ¿Cuánto influyó el colegio en su vocación poética?
-
Fue vital. Tuve un profesor, Marco Alba Lostanau, quien me encausó al oficio aunque, valgan verdades, en aquellos años cualquiera hubiera apostado que me dedicaría a las gráficas, específicamente a la caricatura, pero eso era una consecuencia natural, ¡si Ud viera a mis compañeros lo entendería¡