Las noruegas piden demasiado
Efraim Medina Reyes
Parte I
1 Tenía necesidad de narrar mi precaria y vertiginosa vida que no cabía en ese pomposo ataúd llamado literatura. Estoy hecho de pedazos al igual que mis novelas y trato de armar el estúpido rompecabezas para saber quién rayos soy. Me importa un pito que un saco de mocos como Isabel Allende o un gurú light como Paulo Cohelo vendan millones. Cada quien se ablanda la mente y el trasero como mejor le place. Mi único objetivo es nunca escribir tan mal como para merecer el Premio Planeta de Novela. 2 Nuestras oportunidades se pierden porque el entrenamiento empieza con el primer suspiro. Madre, esposa, hija = Padre, profesor, jefe = Habitación, aula, tumba. Nuestros más sagrados afectos no pasan de ser perezosos hábitos. Ejercicio simple: Un sujeto en la tele mastica chicle mientras baila. Si hundes MUTE verás la farsa: es sólo un mamífero girando en su pequeña jaula y comiendo sus propios excrementos.
Breve historia: Conocí a una tipa que soñaba, igual que yo, con ser libre. Nos acostamos para compartir y duplicar nuestras libertades. Ahora, después de quince jodidos años, me niega el divorcio. 3 Crecí en un barrio duro de Cartagena de Indias. Nuestros deportes en la adolescencia los recogí en un estribillo: cazar gringas en la playa y atracar gringos en las murallas. Queríamos tener un negocio y como no había dinero fundamos la multinacional Fracaso Ltda. Su único activo por entonces era el eslogan: Donde se necesite un fracaso allí estaremos. Queríamos hacer música y montamos 7 Torpes Band (éramos tres). Compuse canciones y grabamos un casete de garaje con el título Canciones mediocres. Vendimos nueve casetes y decidimos grabar el segundo. Se llamaba Canciones aún más mediocres. Vendimos ocho casetes y eso fue todo. Entonces nos dedicamos al teatro. Nuestra primera obra se llamó Tres horas mirando un chimpancé y tuvo una cifra record para Cartagena de siete espectadores en seis meses. Pasamos al cine en video con la película: Eso no me infla la banana y luego editamos a mano mi libro de poemas ¿Por qué vas tan despacio, nena? que por alguna razón fue considerado misógino y un grupo de feministas compró la edición (cien ejemplares) y los quemó en la Plaza de San Diego. Así que empecé agotando edición. 4 Sería tonto no reconocer la calidad literaria de García Márquez. El caso es que no me identifico con él
porque crecí escuchando rock y él vallenatos. Cuando él se vestía con guayaberas yo copiaba la ropa de The Temptations. Yo jamás besaré el trasero de un dictador como Fidel Castro para dos semanas después bailar cumbia en la Casa Blanca con Bill Clinton. Pero lo imperdonable es que teniendo la oportunidad de lucir un elegante frac cuando ganó él Nóbel haya preferido vestirse de cocinero. En cuanto a las enormes artesanías de Botero tengo poco que decir. Algún día alguien fundirá esa basura y la convertirá en útiles tapas para alcantarillas. Crecí, como la mayor parte de mi generación, con las ansiedades del primer mundo y sin ninguno de sus privilegios. Soy otro hijo bastardo del imperio yanqui y no tengo más remedio que usar y asimilar mi origen múltiple para expresar y defender mi posibilidad de ser alguien.
Parte II
1 Hay dos formas en que la estupidez de cualquier escritor supera al resto de la humanidad: cuando dice que escribe para sí mismo y cuando dice que escribe para los demás. Hay dos formas en que la estupidez de cualquier escritor supera al resto de los escritores: cuando dice que no le importa la crítica y cuando se enfurece con la crítica. Hay dos formas en que la estupidez de un crítico resulta insuperable: cuando escribe sobre el libro que le parece estupendo y cuando escribe sobre el libro que le parece horrible. Escritores y críticos pertenecemos a la misma raza estúpida y servimos, en todos los casos, a un único amo: el editor. La única oportunidad que tiene un escritor es valorar a sus lectores pero la mayoría prefiere ignorar a sus lectores y amargarse por lo que diga el crítico de turno. 2 Mi cultura está en mí y mis ensoñaciones no en los libros de García Márquez. Como cualquier hombre sano amo y odio lo que soy. Conozco y siento en mi sangre la música de mi tierra y el cariño de sus mujeres. Leí a Pavese en contrapunto con Juan Carlos Onetti. Mi pasión por el rock me llevó inevitablemente a la generación beat, Bukowski, Chandler, Carson McCullers, Capote, Celine, el extraordinario escritor gótico Charles Maturin… He leído sin reglas como he vivido. Sé que debido a esa mezcla incesante puedo tirar mejor que cualquier escritor de mi generación y poner el punto exacto en las comidas; bailar en una baldosa Down south blues de Muddy Waters y atravesar las calles más peligrosas de Bogotá.
3 Hay quienes dicen que el deber de un escritor es escribir bien y punto. Seguro piensan que el deber de un asesino es matar inocentes. Creo que estar en el mundo tiene un precio y no basta con un par de libritos para salir del lío. Un país como Colombia que hoy tiene más de la mitad de los secuestrados del mundo. Un país donde mueren cerca de cuarenta mil personas de forma violenta al año y veinte mil niños y mujeres sufren amputaciones por culpa de las minas antipersonales y el 85% de la población vive en la pobreza y la miseria más absoluta mientras la descomunal riqueza está apenas en un 9% de privilegiados que controlan todo desde el exterior… Un país así no puede darse el lujo que sus grandes hombres, por buenos escritores que sean, carezcan de compromiso y dignidad. 4 Para mí el lenguaje es un medio no un fin. Uso las palabras, como podría usar la música o las imágenes, para expresar un estado emocional o sacar a flote ideas. Obvio que lo hago dentro de una estética pero ésta no se resuelve en el lenguaje mismo sino en las circunstancias que pueden proyectar las palabras. Leo mucha poesía y escribo poemas porque me ayuda a afinar y sintetizar la prosa. El futuro del español está sin duda en América donde la preocupación en algunos países por “hablar bien” es obsesiva. “Hablar bien” en Colombia es sinónimo de estatus. 5 La mayor enfermedad de los supuestos intelectuales de hoy es confundir información con sabiduría. La televisión se llena cada día de expertos en violencia, en desastres, en volcanes de Marte, en pepinos rosados... Cualquier idiota que sabe algunas cifras se pone una corbata y empieza a hablar sobre el conflicto de Irán o Colombia. Todos pertenecemos ya al mundo cool donde la imagen reemplaza el contenido. Esto sucede porque nuestras vidas ya no fluyen si no que saltan de evento en evento: el partido del sábado y la navidad próxima. Nos aferramos a fechas para olvidar que los segundos pasan y nuestras ideas son esquivas. No sabemos pensar, el que piensa está solo y la soledad es terrible. Optamos por seguir la corriente y la vida se oscurece sin que hayamos reflexionado alguna vez si hace alguna diferencia no haber nacido muertos.
Parte III
1 A pesar de los sermones del Papa no ser blanco hace la diferencia en este mundo. No es la única pero es insuperable si no miren como quedó Michael Jackson. Hay cosas que pueden ser peores: no ser negro del todo. Para un mestizo como yo ha sido difícil encontrar su lugar en el mundo ya que todos los mestizos están tratando de ir hacia uno u otro lado. Los negros te echan de sus fiestas y los blancos no te dejan entrar. Los arquetipos también duelen: una amante noruega que levanté en un bar de Cartagena me insultó porque no podía entender que siendo un macho latino no le hiciera el amor al menos treinta veces al día. La incomunicación a que te somete no tener certeza de un origen es lo que pretendo contar en mis novelas y recurro al humor porque es una tradición de la inteligencia y el medio de comunicación más eficaz que existe. Es más sencillo que muchas personas de diferentes culturas e idiomas compartan la risa que el llanto. 2 Entiendo que escribir es violentar, sacar de sí para entrar en la mente de otro a mover cosas. Sacudir conceptos, excitar o decepcionar pueden ser efectos de la lectura. Quien escribe se exhibe y pretende seducir lo cual implica medir fuerzas.
3 Cuando uno se toma demasiado en serio puede terminar dirigiendo El Malpensante. Mi madre, que me enseñó a beber como un estibador y a cantar boleros, siempre tuvo una sonrisa en los momentos más terribles. En el Caribe se estila convertir en broma todo aquello que te asusta o te duele y a mí me ha dado buenos resultados.
4 Algunos personajes de mis novelas son mis amigos de toda la vida y se cabrean porque según
ellos no les hago justicia y los pongo en ridículo. Les respondo que son peores en la realidad y acabamos la discusión con una borrachera. En el fondo están felices, saben que están allí porque los amo. A ellos no les importa si soy buen escritor o salgo en las revistas. Lo que cuenta entre nosotros es aguantar ron, levantar chicas y bailar hasta caer de espaldas. 5 Cuando empecé a escribir gané varios apestosos premios en Colombia e incluso uno en México. Los premios, aparte de algo de dinero y una nota de periódico, no me abrieron espacio y seguí bebiendo con mis amigos. En 1995 y 1997 gané premios nacionales del Ministerio de Cultura que son los más importantes del país. Tampoco pasó mucho aunque pude comprarle una casa a mi madre. Luego, en abril de 2001, una pequeña editorial que montaron dos chicos con quienes jugaba fútbol publicó mi novela Érase una vez el amor pero tuve que matarlo que para sorpresa de todos agotó varias ediciones en poco tiempo y se convirtió en un objeto de culto para los jóvenes de nuestro país y aquí estoy gracias a mis lectores. Primero pasé por Italia y cuando Europa da su visto bueno el establishment sudaca lo acepta encantado. 6 Salgo desnudo en las portadas por puro exhibicionismo. Trato de llamar la atención a ver qué pesco y no me ha ido mal. Todos los seres humanos en su sano juicio quieren mostrarse de alguna forma y yo aprovecho cada oportunidad. Crecí con limitaciones económicas pero sin ningún tipo de pudor. Quiero acostarme con Juliette Lewis, reemplazar a Ronaldo en el Madrid, pagarle a Alejandro Sanz para que deje de gruñir, comprar un yate y llenarlo de top models… Como no tengo suficiente dinero o talento para hacerlo me conformo saliendo desnudo en mis portadas.
IV
ONG: Agencia de Viajes para aquellos que disfrutan los deportes extremos. También para europeos viejos y feos que quieren follarse sudacas jóvenes y bellas vencidas por la pobreza Shakira: Foca inflada en Miami que puede (al mismo tiempo): menearse, hacer bulla y sostener quince premios Grammys regalados por su disquera. Coca-cola: Bebida que los gringos aman, sobre todo cuando pierde la cola. Boxeo: El deporte más parecido a la vida que existe: todas sus reglas están hechas para que dos hombres puedan lastimarse cuanto les sea posible. Cero trucos, odio puro. García Márquez: Bella momia i-lustrada que muchos museos esperan (ojalá junto a fea momia no-lustrada cubana). René Higuita: La fantasía y el delirio en una cancha de fútbol y fuera de ella.
Sísifo: Director del proyecto político de las FARC. Hara-kiri: Deporte recomendable para ganadores de Premios Literarios organizado por sus propios sellos editoriales. Patafísica: Lo que metió Patarroyo con su famosa e innocua vacuna contra la malaria. Julio Iglesias: El único ser capaz de sesear en español en cualquier idioma (igual nadie le entiende). Animal prehistórico precursor de la farándula y la isabelandula. Situacionismo: Lo mismo pero del otro lado. Nietzsche: Marca de una fabrica de hamburguesas en Bogotá.
Gloria Stefan: La pequeña muñeca de plástico que hicieron a su imagen y semejanza era más alta y al menos cantaba. Carroll: Un carro más largo de lo normal con ajedrez y conejita de Playboy incorporados. Cheever: Marca de auto de bajo consumo pero con excelente motor y diseño
Efraim Medina Reyes