
Letra de Cambio Vol. 1, No. 1. Abril de 2007
Mística y erótica: reflexiones sobre el poema “Eucaristía” (1) de Róger Santiváñez
El siguiente es un experimento crítico que consiste en el intercambio de opiniones con el autor. Agradezco a Róger Santiváñez por aceptar amablemente participar de este diálogo. (Daniel Sala Díaz)
Estimado Róger:
Recuerdo que hace muchos años, mientras estaba leyendo una antología de metafísicos ingleses, un querido amigo me preguntó por qué leía esa poesía evasiva mientras el país sufría la violencia de la pobreza y la guerra (eran los años ochenta). En aquel momento mi respuesta debe de haber sido ingenua y culposa.
La poesía mística está asociada a la espiritualidad y la espiritualidad a la evasión de la realidad carnal. Pero esta es una presunción de alguien que desconoce o no comprende cómo la mística expresa la experiencia de la individualidad, la presencia y la ausencia. Una vez que entendemos esto, es posible comprender que la mística tiene todo que ver con la carnalidad. De allí la relación entre mística y erótica.
La escolástica, que es una lectura del mundo a través de Aristóteles y Santo Tomás, es un universo de categorías, no de individuos. Hay hombres, hay mujeres, hay ángeles, hay montañas, hay rosas, y todos estos objetos son aprehensibles a través de las categorías del lenguaje y la razón. Los individuos son comprensibles en tanto que pertenecen a una categoría pero el lenguaje (y esto lo dice explícitamente Santo Tomás) no puede dar cuenta de mí ni de ti. La experiencia de lo particular está fuera del lenguaje, está, por ejemplo, en la ostensión: el dedo del niño que señala a su madre realiza una operación que no está definida por una categoría, sino por una experiencia íntima y (este es el problema que aborda la mística) incomunicable a través del lenguaje. Al niño no le importa esta mujer en tanto que pertenece a la categoría “madre”, sino en tanto que es un sujeto particular, su madre.
Más bien el mundo filosófico, el mundo del lenguaje del logos, es un conjunto de categorías en donde no hay cabida para la intimidad y la experiencia peculiar. El cuerpo se define en tanto que sustancia que posee una forma. Es un mundo, por lo tanto, abstracto. No voy a ser tan demagogo como para afirmar que esta forma de pensar la experiencia es caduca o inútil. El lenguaje abstracto cumple una función necesaria y, de hecho, es el que estoy usando para escribir esta opinión.
Pero la mística apela a la experiencia de otra manera: va en busca de lo carnal, de lo particular; por ello, es un desafío al lenguaje. Lo inexpresable no es lo abstracto sino, por el contrario, lo concreto: mi dolor, mi alegría, mi muerte, la ausencia, el cuerpo del otro y del Otro radical, que es Dios. La relación entre erótica y mística es, por lo tanto, lógica y necesaria. Como afirma Michel de Certeau, ambas “se refieren a la ‘nostalgia’ que responde a la desaparición progresiva de Dios como único objeto de amor” (2). Por ello, el lenguaje místico desconfía de los sistemas, lo que hoy denominaríamos las “grandes narrativas”. Tal vez por ello Certeau sostiene más adelante que “los ‘verdaderos’ místicos son particularmente desconfiados y críticos ante todo lo que pasa por ‘presencia’. Defienden la inaccesibilidad con la cual se enfrentan” (15). Y esta desconfianza es una operación liberadora, no reaccionaria, ya que no se quiere imponer como utopía social, sino como experiencia personal, como terapia lingüística. El místico es exactamente lo opuesto al “logoteta” al cual se refiere Barthes en sus ensayos sobre Sade, Fourier y Loyola: no quiere implantar un sistema, no quiere sustituir la nostalgia por el Ser a través de una puesta en escena magnífica y detallada, a modo de enorme simulacro creador de Sentido.
Paso a comentar el poema “Eucaristía”.
En primer lugar, creo que es importante destacar el lugar que ocupa dentro del poemario. Es un lugar central, antecedido por poemas como “Sajonia” que aluden al exilio en los Estados Unidos. Los poemas que suceden a “Eucaristía” tienden a una mayor disolución del habla lógica. Si no entiendo mal, la disposición de los poemas presenta lo que puede verse como una evolución o una involución. (Depende de cómo lo veamos: ¿La lucha con el lenguaje concluye en un habla post-verbal o pre-verbal? ).
“Eucaristía” es un poema erótico y místico en el cual la cópula se presenta como paralela al acto creativo. La eucaristía es el sacrificio de la Palabra y la integración en el cuerpo del cuerpo del Otro radical; la cópula, a su vez, es un acto ritual y cognoscitivo que también puede ser entendida como acto de integración de la carne. La eucaristía y la cópula, en este sentido, son representados como modos de apropiación no alienantes, como un acto de libertad, no de objetivación. De esta manera, ambos actos son modelos de la aspiración poética. Hay un primer momento de soledad y asombro ante la Palabra y el cuerpo, un instante de iluminación y desasosiego ante la inminencia del acto coital y poético. Comienza así el poema:
“Poesía aquí me presento
Luz sesgada imagen / dársena
De tu izquierdo cordial
Espacio vacío nombro tu soledad
Dedén sonoro junto a tu monte
Son dos cosas & el amor”
La siguiente estrofa introduce una mezcla de inquietud, asombro y anonadamiento. La posibilidad de alcanzar la belleza y tocar el cuerpo es enfrentada con ansiedad y temor. La postura no es la del amante que va a poseer a la amada, sino la de alguien que se inicia y penetra con miedo y asombro el lugar del cuerpo, la palabra y la poesía:
Vuelta al sueño amado y destruido
Recupera esa forma del corazón
No pienses escribe & llora
La poesía es un cuerpo y el cuerpo es poesía. Si leyéramos el poema como meramente erótico estaríamos perdiendo ese doble paralelo entre el acto creativo y la cópula, entre la palabra y el cuerpo.
Pero además, la cópula y la revelación poética son abordados como movimiento dentro de un espacio (“Así entramos descalzos a tu mundo Vulcaína”). Este espacio es como un templo y como el mar. Lo sensorial es por ello una invocación al cuerpo en integridad y como lugar indefinido, indiferenciado. Me llaman la atención, por ejemplo, estos versos: “Un mar celeste como el cielo que en Colán / Fundó contigo silueta fijada / horizon carré / Línea frágil entre tú el cielo y el mar”.
Aquí el color del mar es como el del cielo y, por tanto, no hay una frontera definida entre abajo y arriba o entre mar y aire y, además, la silueta de la mujer es también una “línea frágil” que no se confunde con el paisaje natural porque, ciertamente, el cuerpo es un paisaje natural.
Si las líneas del cuerpo y del paisaje son indefinidos, igualmente ha de ser el lenguaje que quiere abordarlos, un lenguaje que asedia la experiencia desde una plástica anterior a la diferencia.
Daniel.
Estimado Daniel:
Para mí la mística tiene que ver con una profunda concepción religiosa del mundo que tengo. Cuando he escrito estos poemas tenía en cuenta dicha concepción. Pero mi idea de lo místico está en íntima relación con lo erótico. Algo así como que la cópula carnal es la más alta realización de la fusión o unión mística: la del alma con la divinidad. Yo opero una traslación o transposición que sólo la resuelvo en el plano de lo poético, al instante mismo en que estoy escribiendo. En este sentido –claro- es un desafío de lenguaje. Cuando escribía estos poemas, quería sacarme una voz muy interior, desde muy adentro de mí mismo; una voz que nunca hubiera escuchado ni yo ni nadie. Así entiendo esa lucha por la inaccesibilidad de la que tú me hablas. Lo inaccesible es llegar a esa voz, pero que de pronto se transforma en un cierto modo de accesibilidad: el texto, el poema en sí mismo cuando ya está creado.
Por eso está bien planteada tu duda, acerca de lo post o pre-verbal. Realmente uno llega a un punto neutro. No sabría con exactitud si estoy en un antes o en un después del habla. Sinceramente estaría nada más en un habla. Esa que me salió en ese momento: el instante de la creación. Aquí entendería yo esa brillante frase tuya: estoy y escribo “desde una plástica anterior a la diferencia.” Roger
1 Santiváñez, Róger. Eucaristía. Buenos Aires: Tsé-tsé, 2003. 21-33.
2 De Certeau, Michel. La fábula mística. Siglos XVI-XVII. México: Universidad Iberoamericana, 1982.