
ENTREVISTA A MIGUEL ÁNGEL ZAPATA
por Dimas Arrieta Espinoza
En la reciente estadía del poeta peruano, Miguel Ángel Zapata por Lima, primero llegó a presentarnos su último libro de poemas: Un pino me habla de la lluvia (Ediciones El Nocedal, Lima 2007), y segundo, a entregarnos el quinto número de la Revista literaria Hofstra Hispanic Review, auspiciada por la Universidad de Hofstra en Nueva York. Aprovechamos para conversar no solamente de su reciente entrega poética, sino para hablar de la tradición poética peruana y las últimas voces que han aparecido en estos años. Zapata, poeta y ensayista, ha publicado varios libros de poesía, ensayo literario, ediciones críticas, antologías y traducciones de poesía. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano y portugués. Dirige Hofstra Hispanic Review-Revista de Literaturas y culturas hispánicas, y la colección Amaru de ensayo y poesía. Es premio Latino de Literatura, 2003. Reside en Long Island, Nueva York, donde se desempeña como catedrático de literaturas hispánicas en la Universidad de Hofstra.
La Tradición literaria peruana del S. XX, ha sido muy rica, ¿algún balance que puedas hacer sobre ella?
Existe una polémica sobre cuál es el poeta más respetado, querido y admirado de la época de César Vallejo y José María Eguren. He leído versiones bastantes contraproducentes y disímiles acerca de su presencia en el parnaso peruano. Primero, me parece insólito comparar a estos dos poetas tan distintos sin dejar de aceptar sus logros en el campo de la poesía. Es como comparar o hacer que se reten a duelo Vallejo y Neruda. Segundo, hay algunos poetas peruanos que con mucha alegría dicen “mi poeta es Eguren”, y hasta llegan a encontrarle errores y ripios a la poesía de Vallejo (llamándola melodramática, por ejemplo) seguramente para adquirir una rápida notoriedad. A quien a un gran árbol se arrima a veces puede hacerle sombra. Me parece que no hay un poeta en el Perú que haya superado los logros lingüísticos y humanos de Vallejo en siglo XX. Vallejo nos ha dado todo lo que un poeta quiera recibir de esa gran combinatoria entre forma y humanidad. Un soplo lingüístico superior, de gran altura. Eguren se queda a medio camino, no llega. Vallejo crece cada día más, sobre todo, en estos tiempos en que la abstracción y una falsa oscuridad quieren dominar el territorio de la poesía. El próximo año en Nueva York celebraremos en la Universidad de Hofstra el simposio internacional: “Voy a hablar de la esperanza” (Vallejo 1938-2008) conmemorando los setenta años de la muerte del poeta trujillano. Habrá en este evento nuevos acercamientos críticos a la poesía de Vallejo, y algunas lecturas de poetas destacados de todo el orbe. Se presentará también la flamante edición del poeta norteamericano Clayton Eshleman con sus traducciones de la poesía completa al inglés de César Vallejo publicada por la Editorial de la Universidad de California (2007).
¿Qué te parece la poesía peruana de los años 20, 30, dos promociones en una sola generación, sobre todo, por la coincidencia en el discurso vanguardista?
Me interesan varios poetas fundamentales de esa generación, no porque los otros no sean buenos, sino porque la poesía es grande y compleja como el amor, y los gustos y los deseos son variables. Me parece que Carlos Oquendo de Amat que fue re-conocido después del discurso que diera de Vargas Llosa al recibir el Premio Rómulo Gallegos, es un poeta totalmente innovador. Solo con un libro, Cinco metros de poemas (1927) ha refrescado toda la poesía peruana, y las ediciones de este libro siguen en aumento. Cinco metros de poesía donde se combina la forma y el espaciamiento vanguardista con un acercamiento humano hacia las cosas del mundo de las ciudades y la presencia del cine. Se combina el juego de las palabras con el artificio complicado de dejarse entender.
¿Otro poeta que te interesa en este espacio creativo?
Me interesa la poesía de César Moro. Hay otros poetas que no han aportado absolutamente nada, a ellos simplemente los ignoro, pero el último que es un poeta clave en esta etapa seria Emilio Adolfo Westphalen.
¿Y los Orkopata, los poetas puneños, por ejemplo, Alejandro Peralta?
El poeta mas destacado de la vanguardia peruana es Carlos Oquendo de Amat. Alejandro Peralta nos muestra el paisaje andino desde una perspectiva inusual y llega a compenetrarse en el ámbito andino con destreza. Su poesía navega los cerros, conoce el aire puro de las alturas, sabe de las tumbas que nos ciegan. Ambos juegan con el espacio y las formas. Oquendo es urbano hasta cierto punto, y Peralta es mas ecológico. Creo en los buenos libros de poesía no en los grupos literarios. Sin embargo, la “vanguardia andina” como ha sido denominada por algunos críticos, existe. Andes, un libro aún por redescubrir, y el “Boletín Titikaka” nos hace pensar en un movimiento subterráneo vital que reaparece con una fuerza incontrolable, y eso es saludable para la literatura peruana. El alma del Perú no está en Lima. Se podría decir que está en cada hueco de la patria dura. Ahí Vallejo, Arguedas, Oquendo de Amat, Churata, “el elegido”. Por último, hay que recordar que en el año 1922 se publicaron tres grandes libros: The Waste Land de T.S. Eliot, Ulises de Joyce, y Trilce de Vallejo. En el Perú hay que recordar dos libros memorables de la primera vanguardia: Ande y Cinco metros de poemas. No nos olvidemos de “el elegido”. Ya verán, El pez de oro vuelve como una gran isla multicultural.
A eso apuntaba, dentro de la tradición poética muy rica en el siglo XX, en este recuento que hacemos en el nuevo siglo y el nuevo milenio, ¿cómo ha influenciado en tu poesía?
En el contexto de la poesía peruana Vallejo siempre ha sido una fuerte influencia. Me interesa su oscuridad y su transparencia. Los poemas en prosa de Paris son un gran aporte a la poesía universal. A Vallejo no se le puede imitar, no creó una escuela, sino un rigor, como Góngora. Cuando leí por primera vez a Moro me estremeció tanto, lo mismo Westphalen. A la poesía hay que respirarla a partir de la perspectiva universal, no sólo peruana. Si hablamos de Vallejo no podemos olvidar a Darío, Rimbaud ni a Baudelaire. Lee a Churata y recordarás a Platón, pero desde la perspectiva andina. Para entender a Moro y a Westphalen hay que entender a los surrealistas europeos. A mi me interesan poetas posteriores a Eliot y a Pound. Cito algunos nombres: un raro norteamericano: Theodore Roethke. También de los Estados Unidos: Wallace Stevens, Mark Strand, Charles Wright, Louise Glück, Charles Simic y Billy Collins. Me fascinan los franceses Francis Ponge y Michel Cluny, y el portugués Fernando Pessoa de la mano con el italiano Eugenio Montale.
Y eso se refleja en tu último libro: Un Pino me habla de la lluvia (Lima: 2007) hablas en los mismos poemas explícitamente que lees a Vallejo, como si fuese un referente obligado en tu poesía.
Hay poetas que tienen miedo de admitir que siguen leyendo a Vallejo. A Vallejo no lo puedes ni lo debes dejar tranquilo. Cada lectura es un nuevo descubrimiento. Es un clásico. Italo Calvino decía que un libro se convierte en un clásico cada vez que lo releemos. Es tan necesario como releer a Virgilio y a Dante. La obra completa de Vallejo es uno de mis libros de cabecera. No lo trato de imitar, porque es imposible imitar a Vallejo, como es imposible imitar a Dante, Quevedo o a Fray Luis de León. Por ejemplo, el simbolismo de Los Heraldos Negros, es un reto para nuevas lecturas. Mis poemas favoritos de Vallejo son los poemas que hacen referencia a la casa, que es nuestro primer universo, la familia, la madre, y los poemas en prosa escritos en París. Muchos poetas peruanos como Carlos Germán Belli, han tocado temas sobre la familia, el país, la situación social del Perú, y han aprendido a ser complejos y transparentes siguiendo el modelo de Trilce. Belli después logró construir su propia arquitectura, la podríamos llamar “la arquitectura belliana”. En sus mejores poemas Antonio Cisneros recupera el habla familiar, el hijo lejano, la ciudad con su horror y fascinación. También podría mencionar a Eugenio Montejo (Caracas, 1938) y su Taller blanco. Estos escritos establecen una relación con la “Oh tahona estuosa…” de Vallejo.
¿A qué paisajes aludes en la topografía en tu último libro? ¿Es un paisaje del recuerdo, es un paisaje vivo, es un paisaje presente que está en tu poesía?
A veces es un paisaje vivo y otro imaginario. No hay paisajes del recuerdo, escribo lo que veo y lo que quisiera ver. Es el paisaje donde quisiera vivir, el cielo que quisiera abrazar, o tocar a las nubes como al pasto. Me interesa esa profunda conexión del ser humano con la naturaleza. Siempre recomiendo a los poetas jóvenes leer las Confesiones de Rousseau, y Walden de Henry David Thoreau para los que gusten de las cosas maravillosas de la naturaleza. Sucede lo mismo con la música: los mejores músicos y compositores siempre han encontrado su verdadera expresión pasando por el espejo de la naturaleza. Ahí esta Blake con la música de su poesía y el canto de su pintura. Es el cielo que me escribe. Ellos son el cielo que me escriben.
¿Y ciudades también como Buenos Aires?
Buenos Aires es una ciudad fascinante y muy querida para mi, no sólo por la belleza de sus mujeres sino también porque tengo muy buenos amigos por allá. Es una ciudad distinta, tiene una mezcla de ciudad europea y latinoamericana, un tango que te contagia, es un aire especial, recontra distinto. Me gusta tanto como Lima, Ciudad de México o Venecia. Borges amaba Buenos Aires. La buscaba entre sus sombras, y siempre la encontraba. Gardel la soñaba despierto, la cantaba. Corsini, igual. Escribí un poema en prosa en homenaje a Buenos Aires después de caminar decenas de veces sus largas noches y sus cortos días.
Vemos también un poema dedicado a Borges, justamente titulado “Borges”, ¿cuál de los dos es el que escribe el poema? Revelando el relato de Borges.
Claro, claro, Borges nos enseñó lo mejor de la intertextualidad, lo que decía Borges es que nadie es original. Hay muchos poetas que influidos por su vanidad tan exquisita piensan que han inventado una manera nueva de escribir poesía. Pero, Borges nos enseña que todo deviene de la tradición, que no hay originalidad. Es un poeta muy querido, lo releo siempre. Como podrás ver, la actitud de Borges es muy distinta a la de Octavio Paz. Entonces esa duda de quién escribe el poema viene de la prosa de Borges “Borges y yo”: a partir de ahí establezco una conexión con el texto de Borges. El decía que si un poema no te emociona sencillamente no es un poema. Dijo también que la materia de la poesía no son las palabras sino la emoción.
Desde tus libros iniciales como: Periplos del abandonado, ¿cómo ves tu itinerario en la poesía o cuál es tu balance personal al respecto hasta este último libro: Un Pino me habla de la lluvia?
Creo que de mis primeros libros Partida de ausencia y Periplos del abandonado, tal vez recuperaría unos tres o cuatro poemas por cada libro. Los libros que comencé a publicar a partir del 87 adquieren una nueva orientación y madurez. Ahora ya he preparado la primera antología de mi poesía: Caballo sin estrellas, y próximamente saldrá en Lima. Todavía no se donde va a salir, pero va a salir. Es la primera antología personal que hago (poesía de 1982-2007) de mi breve obra. Sigo escribiendo, buscando, es lo mejor, tener un mañana: en la poesía no se ha dicho todo todavía, ni se dirá: la poesía es todavía.
¿Un proceso de maduración?
Exactamente. La poesía es como el vino, hay que dejarla tranquila que navegue entre sus aguas, y no preocuparse tanto del tiempo. Claro, uno va aprendiendo y cuando aprendes vas depurando. Siempre se aprende, no importa que edad tengas.
De los grandes poetas actuales latinoamericanos, sabemos que les has hecho entrevistas. ¿Con cuál te quedarías y, sobre todo, encuentras afinidad con tu propuesta poética?
Hay en Latinoamérica una riqueza poética fantástica. El panorama es bastante complejo. Pero me quedaría con Álvaro Mutis, con el imaginario de Magroll el gaviero o Crónica regia o Los Emisarios. A Mutis lo entrevisté en México en 1986, a José Emilio Pacheco en 2004. Entrevisté en San Francisco al gran poeta cubano Heberto Padilla en 1986, y a la gran poeta uruguaya Ida Vitale que vive en Austin, Texas en 1987. A Oscar Hahn lo entrevisté varias veces en distintos lugares de planeta: Iowa City, Colorado Springs, Santiago, Nueva York, y Lima. También he entrevistado a Gonzalo Rojas, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Arturo Corcuera, Isaac Goldemberg, Raúl Zurita, Oswaldo Lamborghini, Rosario Ferré, Juan Gustavo Cobo Borda, Jorge E. Eielson, Javier Sologuren, y Carlos Germán Belli, entre otros. Estas entrevistas las puedes encontrar en mi libro: El hacedor y las palabras. Diálogos con poetas de América Latina (Lima: FCE, 2005).
Que es todo un proyecto narrativo. Me refiero a Mutis
Claro escribe poesía en prosa, en verso y novela. Es fascinante. Descubres todo un mundo nuevo, te da comienzos, ideas, es toda una biblia. Me interesa también, José Antonio Ramos Sucre, un gran poeta casi desconocido de Venezuela. Si no lo has leído te lo recomiendo. Tiene una edición de su obra completa en el Fondo de Cultura Económica. Me interesa toda la obra de Carlos Germán Belli, Blanca Varela, y Eielson, de esa generación.
Blanca Varela, ha tenido premios significativos literarios en el mundo hispánico.
Exactamente, “Octavio Paz” y el “Premio Reina Sofía”, justamente en este último número de la revista Hofstra Hispanic Review Nº 5, publicamos las primeras traducciones al inglés de la poesía de Blanca Varela hechas por la norteamericana: Nelly Austin, profesora de la Universidad de Chicago.
¿Miguel Ángel, conociste tú a Xavier Abril?
Le publiqué una entrevista en Códice- Revista de Poéticas, que sacábamos con el poeta uruguayo Eduardo Espina. Espina le hizo una entrevista donde Abril dice cosas contundentes sobre Vallejo, Octavio Paz, y la vanguardia peruana. A Abril Paz no le caía nada bien.
Esa entrevista es un documento valiosísimo, no solamente para entender el fenómeno de la Vanguardia peruana, sino una interioridad que se desconoce.
Abril no tiene reparos en decir lo que piensa. Hace comentarios que pudieran escandalizar a cualquiera, no solo de la vanguardia sino de algunos otros poetas de los años cuarenta en adelante. Por ejemplo, dice que Westphalen tiene buenas imágenes pero es flojo formalmente. Al referirse a Gerardo Diego dice: “fue un fascista peligroso”. Y cuando habla de Neruda comenta: “A Neruda lo conocí en Paris en 1927, cuando él iba hacia el Oriente. En ese entonces era mejor persona que el que conocí después. Su viaje a Oriente le hizo mucho mal, lo mismo que le hizo mucho mal a Paz…la segunda vez que nos vimos, después de 1934, en Madrid, estaba todo enfatuado. Estaba muy gordo por lo que tomaba y comía. Y además con una cantidad de ideas retrogradas del Oriente, que no pueden adaptarse a partir de Marx. Neruda como Paz en estos días, tenía un peligroso enredo mental…El marxismo de Neruda siempre fue una máscara. Me pareció superficial y falso. A él le gustaba el poder y que lo elogiaran”. “Paz es otro falso, ideológica y culturalmente. Por ejemplo en su libro sobre Levi-Strauss demuestra que no ha leído bien a Quedo y a Vallejo. Su análisis es muy artificial y arrogante. Paz dice: “como quiso decir Quevedo”, ¿Qué es esto? Un intelectual serio no puede decir estas cosas…El señor Paz es también autor de una antología de poesía hispanoamericana, en la cual faltan Herrera y Reissig y Eguren, los dos poetas más importantes que ha dado la poesía en lengua hispánica en la primera década del siglo veinte. Además poéticamente Paz es nada, es un cero. Un imitador de los surrealistas”. Y remata: “Mallarmé, Herrera y Reissig, Eguren y Vallejo son poetas nuevos. Me interesan los poetas que dicen algo nuevo”.
Vemos que no te has aislado del Perú cultural, literario; frecuentemente nos visitas. Y en esos retornos, tu cercanía con los jóvenes es notoria. ¿Qué voces nuevas crees que se están configurando en Perú?
Nunca podré aislarme del Perú, lo llevo en mi mente y en mi corazón. Siempre se ha escrito buena poesía en el Perú. Tenemos una tradición envidiable a nivel internacional. Siempre estoy atento lo que van publicando los poetas jóvenes en el Perú, y a nivel latinoamericano. Les sigo el rastro, los leo con suma atención y respeto. De ellos también aprendo. Ahora mismo estoy preparando una antología de poetas nacidos a partir de 1969. Inicio la muestra con Montserrat Álvarez, una voz inusual en el parnaso peruano e hispanoamericano. Me interesa también la poesía de Miguel Ildefonso, Montserrat Álvarez, Victoria Guerrero, Christian Zegarra, Vanessa Martínez, Harold Alva, José Carlos Irigoyen, Jerónimo Pimentel, Cecilia Podestá, Andrea Cabel, y Miguel Angel Malpartida.
¿Crees que ya existen nuevas voces sólidas?
Algunos poetas comienzan jóvenes y tienen un éxito temporal. Hay que tener cuidado y mucha paciencia con la poesía. No tienes que publicar un buen libro a los 18, también puedes esperar a tener 31 años, como es el caso de Poemas (1958) de Carlos Germán Belli. El tiempo es el mejor juez.
¿Cómo notas sus discursos, ¿crees que se siga llevando el aliento de la poesía anglosajona, coloquial, la poesía narrativa?
Hay una variación tajante en la poesía de los novísimos peruanos. Cuando lees por ejemplo los poemas de Andrea Cabel encuentras un lenguaje nuevo, lo mismo con los textos de José Carlos Irigoyen y Jerónimo Pimentel. La poesía coloquial ha desaparecido casi por completo. Pareciera que hubieran leído bien a Celan y a Montale. Es necesario aclarar que no toda la poesía de Cisneros o Hinostroza es “conversacional”. La influencia en la poesía no siempre viene de tu país: los buenos lectores de poesía no se aferran solamente a Eguren, Vallejo, Eielson, Belli o Luis Hernández, sino la vastedad de sus lecturas se remontan al ciclo clásico, y a poetas en otras lenguas. Hinostroza te habla de Propercio y Belli de Arnaud Daniel, por ejemplo. Belli escribe sextinas y villanelas. Un buen poeta jamás deja de lado el ciclo clásico de la poesía. Creo que los nuevos poetas deben leer poesía en otros idiomas, a poetas de la India, de Egipto, de Irán, de la China, de Irlanda, Suecia, de Japón. Hay leer la poesía de la irlandesa Evan Boland, a los norteamericanos Theodore Roethke, Charles Wright y Charles Simic. Pero, por ejemplo, tú puedes encontrar rasgos fuertes de la poesía de Hinostroza en la poesía de José Carlos Irigoyen, pero la sabe asimilar bien. También puedes encontrar el rigor de Belli en la poesía de Andrea Cabel. Sé que Cabel admira la poesía de Belli, no le tiene miedo como muchos otros poetas que lo ignoran siendo uno de los mejores poetas peruanos del siglo XX. Muchos poetas no usan como referente a Belli, le tienen miedo.
¿Y Sologuren qué te parece?
Magnífico, ha escrito un tipo de poesía más clásica, pero la hizo bien. Pero, si tú relees su libro Moradas, aquellos bellos poemas en prosa, encontrarás que su relación con la naturaleza y el amor fue fundamental en ese volumen. Su gran poema La Hora es prueba de una experimentación mayor con el lenguaje poético. Sologuren admiraba mucho a Eguren, pero también fue un gran traductor y se había leído toda la poesía francesa, inglesa y la japonesa. Ahí hay un nuevo Sologuren que hay que redescubrir.
Y en todos estos itinerarios de países latinoamericanos que has recorrido ¿qué nombres se escuchan de la poesía peruana afuera?
Fuera del Perú, en Latinoamérica, los Estados Unidos y Europa retumban los nombres de Carlos Germán Belli, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Rodolfo Hinostroza, Antonio Cisneros, Carmen Ollé, Enrique Verástegui, y José Watanabe. Yo viajo con mucha frecuencia a México y allá se aprecia mucho a Eielson, Cisneros, Hinostroza y Blanca Varela. Tal vez los poetas mas estudiados por ahora sean Belli y Cisneros.
¿Hinostroza, no pasa nada con él?
Hinostroza es un tremendo poeta, pero no sé por qué no se han hecho tantos estudios sobre su gran obra. Le tendrán miedo como a Belli. Hay estudios buenos sobre Hinostroza, pero hacen falta mas trabajos, y que se le publique una antología de sus poemas completos en México, Buenos Aires, y se necesita con urgencia la traducción de su obra al inglés.
¿En que promoción te ubicas: 70, 80?
Bueno, no creo en las generaciones.
¿Eres un poeta degenerado que no tiene generación?
Totalmente degenerado. Yo comencé a publicar en los 80, pero para que exista una generación tiene que haber algo que nos una. Las “generaciones” en el Perú son caprichitos de manifiestos y amiguismo. A mí me gusta la poesía de Carlos López Degregori, que comenzó a publicar a fines de los 70. Me interesa también de esa época la poesía de José A. Mazzotti, Rosella di Paolo, Roger Santiváñez, Domingo de Ramos, y Magdalena Chocano.
¿De Hora Zero, con quién te quedas?
Me quedo con Enrique Verástegui, Jorge Pimentel y Tulio Mora.