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viaje a la semilla

 

Miguel Angel Zapata: El cielo que me escribe

por Víctor Manuel Mendiola

 

Los últimos libros de Miguel Ángel Zapata —o el libro que este poeta peruano ha venido transformando a través de varias ediciones— provocan en el lector un estado de sorpresa y de alegría. Sorpresa por dos motivos: en primer lugar, porque en la trayectoria de Zapata sus poemas más recientes representan la creación de textos indudablemente originales; y porque en el movimiento de la nueva poesía hispanoamericana estos poemas nos revelan el surgimiento de una nueva voz.

Por otro lado, el lector puede sentir alegría, porque Zapata ha sabido saltar por encima de la retórica del lenguaje y del neobarroco y ha tomado distancia, aprovechándose de lo más nutritivo, del surrealismo sin ton y son que han practicado, con o sin conciencia, muchos poetas hispanoamericanos.

En el polo opuesto, Zapata ha hecho a un lado los desplantes empiristas de la poesía de la experiencia (descascaramientos de la poesía beat, de la antipoesía o de cualquier otra clase de entrega del habla o del coloquio) y nos ha entregado una poesía sofisticada pero viva, rigurosa pero también verdadera.

Si uno lee a Zapata en el contexto de la poesía peruana de finales de siglo, él ocupa un sitio singular junto con Jorge Pimentel, José Watanabe, Rossella Di Paolo y Lorenzo Helguero. Todos ellos dominan las palabras, pero también todos están prendidos de esa increíble dimensión ininteligible, a veces azul —como dijo Darío— que llamamos la vida.

En todos los poemas de El cielo que me escribe hay una armonía contradictoria entre la imaginación y la inteligencia y, lo que es más interesante, entre la música del verso y el tropel de la prosa. El título del nuevo volumen pone sobre la mesa este hecho. Lo repito: El cielo que me escribe, es decir, no sólo la realidad en general sino aquel plano del mundo, elevado y en vuelo, se han transformado en lenguaje escrito para hablarme. No le hablo yo al cielo; el cielo me habla a mí en su texto aéreo y altivo.

Es muy interesante observar cómo Zapata ha producido, en sus poemas en prosa, una intensidad que nos prende la luz, pero que nos hace, al mismo tiempo, reflexionar. En realidad, Zapata como Pimentel, Watanabe, Di Paolo y Helguero son poetas que escriben una nueva lírica, donde el yo no se expande en abstracciones sentimentales —como es tan común en la poesía de los últimos años— o un falso hermetismo con vagas frases oscuras sino que se abre en inteligentes prosas, rimadas y aliteradas con mucha malicia. Son poemas en prosa, pero casi son poemas en verso.

Hago una digresión: de la misma forma que el poema que sólo piense en acentos, sílabas y rimas está casi siempre condenado a los versos de cáscara, los poemas en prosa que sólo pongan en acción ocurrencias o imaginaciones en fragmentos están condenados a una prosa de pamplina. La poesía actual reclama un arte riguroso, aún más riguroso que el arte que practicaban los poetas a principios del siglo XX; un arte poético donde el verso y la poesía crean una comunicación y una nueva forma.

Regreso al tema. Zapata es un extraño simbolista. Entre el cuervo de Poe y el cuervo de Ted Hughes, entre el ruiseñor de Wilde y el perro de Tomas Mann, él escucha o lee el bosque de los símbolos que hay en el jardín de su casa, pero cuando Zapata responde a El cielo que le escribe sabe —como decía Porchia— que “las certidumbres sólo se alcanzan con los pies”, aunque estos pueden tener —como sabemos muy bien— alas.

Les recomiendo mucho este libro de poemas Miguel Ángel Zapata. Es una poesía nueva y esencialmente renovadora.

 

 

México: Ed. El Tucán de Virginia, 2002. También ha publicado en poesía, Escribir bajo el polvo (Lima, 2000), Lumbre de la letra (Lima, 1997), Poemas para violín y orquesta (México, 1991). Como crítico ha publicado Moradas de la voz. Notas sobre la poesía hispanoamericana contemporánea. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2002; Nueva poesía latinoamericana (México:1999); Metáfora de la Experiencia. La poesía de Antonio Cisneros (Lima, 1998). Co-editó El Bosque de los Huesos. Antología de la nueva poesía peruana (México, 1995).  Zapata vive en Long Island, Nueva York, donde se desempeña como profesor de literatura hispanoamericana en Hofstra Univesity.