LA POETICA de Aristóteles
CAPÍTULO I 1447a Como nuestro tema es la poética nos proponemos
hablar no sólo de la poética misma sino también de sus especies y sus
respectivas características, de la trama requerida para componer un
bello poema, del número y la naturaleza de las partes constitutivas de
(10) un poema1 y también de los restantes aspectos que. atañen a la
misma investigación. Hemos de seguir, pues el orden natural y comenzar
con los primeros hechos. La epopeya y la poesía trágica, como
asimismo la comedia, el ditirambo y, en su mayor parte, el arte de
tocar la flauta y la cítara, son todos (15) imitaciones si se los
considera de manera general. Pero, al mismo tiempo difieren entre sí
de tres maneras ya por la diferencia de clase en sus medios, o en los
objetos, o en la manera de sus imitaciones.3 Puesto que el color y la
forma se usan corno medios por quienes (bien por el arte o la práctica
constante) imitan y dibujan diversos objetos mediante su ayuda, y la
voz (20) es empleada por otros, así también en el grupo de artes
mencionado, los medios para ellos son, en general, el lenguaje y la
armonía, empleados bien simplemente o en determinadas combinaciones.
Una combinación de sólo armonía y ritmo es el medio adecuado en el
arte de tocar la flauta y la lira y otras artes que responden a la
misma descripción, por ejemplo la siringa (25) imitativa. El ritmo
solo, sin la armonía, es el recurso en las imitaciones del bailarín;
pues aun éste, mediante el ritmo de sus actitudes puede representar
los caracteres de los hombres, así corno también lo que ellos hacen y
sufren. Hay, además, un arte que imita sólo a través del lenguaje, sin
armonía, en prosa o en verso, ya en uno o en pluralidad de metros.
1447b Esta forma de imitación carece un nombre hasta hoy. No
tenemos, en efecto, nombre común para un mimo de Sofrón (10) o de
Jenarco4 y para un diálogo de Sócrates; y ciertamente tampoco tenemos
un término si la imitación en ambos ejemplos fuera en trímetros o
elegíacos u otro tipo de verso. Es verdad que la gente agrega la
palabra poeta al nombre de un metro y habla de poetas elegíacos y
poetas épicos, y piensa que se los llama poetas no en razón (15) de la
índole imitativa de su trabajo, sino de manera indiscriminada a causa
del metro en que escriben. Aun si una teoría médica o de filosofía
física se expresara en forma métrica, sería común designar al autor de
este modo. Homero y Empédocles, sin embargo, no tienen entre sí
ninguna afinidad, fuera del metro en que se expresan; de modo que si a
uno se le llama poeta (20), al otro se le debería designar físico y
* NOTAS *
1 Las cifras entre paréntesis indican las líneas en que se dividen las
secciones a y b, según la numeración asignada a las obras clásicas a
partir del restablecimiento de los textos originales, y aceptada como
una convención internacional. 2 El ditirambo era en su origen un himno
cantado en honor de Dionisio. Su evolución en Corinto dio nacimiento a
la tragedia. 3 La palabra imitación, mímesis en griego, se debe
entender, corno representación de la realidad. 4 Sofrón de Siracusa,
autor de mimos, contemporáneo de Eurípides. Jenarco trabajó en la
misma línea.
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no poeta. Estaríamos en la misma posición, por supuesto, si la
imitación en estos ejemplos fuera en todos los metros, tal como el
Centauro de Queremón5 (una rapsodia compuesta de versos de toda
clase), y habría que reconocer a Queremón como poeta. Suficiente,
pues, para estas artes. Existen, en suma, algunas otras artes que
combinan todos los medios enumerados (25), ritmo, melodía y verso, por
ejemplo, la poesía ditirámbica y nómica6, la tragedia y la comedia,
con la diferencia, empero, de que las tres clases de medios son todos
empleados juntos en algunos de ellos, y en otros aparecen separados,
uno después de otro. Tales son las diferencias que yo establezco entre
las artes en cuanto a los medios de realizar la imitación. CAPÍTULO
II 1448a II. Los objetos que los imitadores representan son acciones,
efectuadas por agentes que son buenos o malos (las diversidades del
carácter humano, casi siempre derivan de esta distinción, pues la
línea entre la virtud y el vicio es la que divide a toda la humanidad)
y los imitan mejores o peores de lo que nosotros somos, o semejantes,
según proceden los pintores. (5) Así Polignoto7 representaba a sus
personajes superiores a nosotros, Pausón8, peores, y los de Dionisio
eran tales como nosotros. Es claro que cada uno de los tipos de
imitación a que me he referido admitirá estas variaciones, y ellas
diferirán entonces de acuerdo con las diferencias de los objetos que
representan. Aun en la danza, el arte de tocar la flauta y la lira,
tales diversidades son posibles, (10) y también suceden en las partes
sin nombre que emplea el lenguaje, la prosa o el verso sin armonía
como sus medios; los personajes de Homero, por ejemplo, son mejores
que nosotros; los de Cleofón se hallan a nuestro nivel, y los de
Hegemón de Taso, el primer autor de parodias, y Nicocares, que
escribió la Diliada, se hallan por debajo de este modelo. Lo mismo es
cierto del ditirambo y del nomos; los personajes (15) pueden
representarse en ellos con la diferencia ejemplificada en los cíclopes
de Timoteo y Filoxeno. Esta diferencia es también la que distingue a
la tragedia y la comedia; ésta pinta a los hombres peores de lo que
son, aquélla, mejores que los del presente. CAPÍTULO III III. Una
tercera diferencia en estas artes reside en la manera en que es
representado cada tipo de objeto. Si se da a ambas partes (20) igual
medio y la misma clase de objetos para la imitación (uno puede narrar
en forma directa en un instante y en otro momento asumir
* NOTAS *
5 Trágico ateniense. Floreció hacia el 380. Quedan escasos fragmentos.
6 Nomos fue en sus comienzos una especie de himno primitivo.
Terpandro (675) le dio forma artística. 7 Oriundo de Tasox, llegó a
Atenas en la época de Cimón. Muy celebrado por la delicadeza de sus
cuadros. Pausanias de dejado un relato de sus obras. 8 Parece que su
pintura ridiculizaba a los hombres.
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otro personaje, como hace Homero, u otro puede permanecer siempre el
mismo sin cambio alguno), o los imitadores pueden representar toda la
historia dramáticamente, como si en realidad representasen los hechos
descritos. Sin embargo, como lo dijimos al comienzo, las diferencias
en la imitación de estas artes aparece en tres formas: sus medios, sus
objetos y sus maneras. De modo que como imitador Sófocles, por una
parte, se asemeja, (25) a Homero, pues ambos representan a hombres
superiores, y por otra, a Aristófanes, desde que todos exhiben a
personas que actúan y realizan algo. Esto en verdad, según algunos
dicen, es la razón por la cual sus obras se llamas dramas, porque en
ellos los personajes representan la trama. De aquí que tanto la
tragedia como la comedia (30) sean reclamadas por los dorios como sus
descubrimientos; la comedia, por los megáricos, aquellos que surgieron
en Grecia cuando Megara se convirtió en una democracia, y por los
megáricos de Sicilia a causa de que el poeta Epicarmo9 procedía de su
país, y mucho antes que Quiónides y Magnes; también la tragedia es
reivindicada por algunos dorios del Peloponeso. En apoyo de estos
reclamos ellos se refieren a los vocablos "comedia" y "drama". Su
palabra (35) para los villorrios circundantes, dicen, es comae,
mientras que los atenienses los llaman demes, suponiendo así que los
comediantes extrajeron su nombre no de sus comoe10 o diversiones, sino
de su trashumación de aldea en aldea, carentes de aprecio, y
constreñidos a deambular fuera de la ciudad. 1448b También su
palabra, afirman, para "actuar" es dran, en tanto los atenienses
emplean el verbo práttein. Esto es suficiente entonces respecto al
número y naturaleza de los puntos de diferencia en la imitación de
estas artes. CAPÍTULO IV Es evidente que el origen general de la
poesía se debió (5) a dos causas; cada una de ellas parte de la
naturaleza humana. La imitación es natural para el hombre desde la
infancia, y esta es una de sus ventajas sobre los animales inferiores,
pues él es una de las criaturas más imitadoras del mundo, y aprende
desde el comienzo por imitación. Y es asimismo natural para todos
regocijarse en tareas de imitación. La verdad de este segundo punto se
muestra por (10) la experiencia; aunque los objetos mismos resulten
penosos de ver nos deleitamos en contemplar en el arte las
representaciones más realistas de ellos, las formas, por ejemplo, de
los animales más repulsivos y los cuerpos muertos. La explicación se
encuentra en un hecho concreto: aprender algo es el mayor de los
placeres no sólo para el filósofo, sino también para el resto (15) de
la humanidad, por pequeña que sea su aptitud
* NOTAS *
9 Poeta siciliano o de Cos, nacido en el 540. Diels recoge varios de
sus fragmentos. Hay en él una influencia de Heráclito. 10 Comos,
composición jocosa popular. Alude a la diversión del comos o aldea.
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para ello; la razón del deleite que produce observar un cuadro es que
al mismo tiempo se aprende, se reúne el sentido de las cosas, es
decir, que el hombre es de este o aquel modo; pues si no hubiéramos
visto el objeto antes, el propio placer no radicaría en el cuadro como
una imitación de éste, sino que se debería a la ejecución o al
colorido (20) o a alguna causa semejante. La imitación, entonces, por
sernos natural (como también el sentido de la armonía y el ritmo, los
metros que son por cierto especies de ritmos) a través de su original
aptitud, y mediante una serie de mejoramientos graduales en su mayor
parte sobre sus primeros esfuerzos, crearon la poesía a partir de sus
improvisaciones. La poesía, sin embargo, pronto se dividió en dos
clases (25) según las diferencias de carácter en los poetas
individuales; pues los más elevados entre ellos debían representar las
acciones más nobles y los personajes más egregios; mientras los de
espíritu inferior representaban las acciones viles. Estos últimos
producían invectivas primero, así como otros componían himnos y
panegíricos. No conocemos ningún poema de los poetas prehoméricos,
aunque sin duda hubo muchos autores entre ellos; pueden hallarse
ejemplos, por cierto, desde Homero en adelante, tal su margites11 y
poemas similares de otros. En esta poesía (30) de invectiva su natural
adecuación produjo el metro yámbico que quedó en uso; de aquí nuestro
presente término "yámbico", porque era el metro de sus yambos o
invectivas de unos contra otros. Como resultado se obtuvo que los
viejos poetas se convirtieron, algunos de ellos, en autores del verso
heroico y otros del yámbico. La posición de Homero, no obstante, es
peculiar: así como fue en el estilo serio el poeta de los poetas,
elevado no sólo (35) por su excelencia literaria, sino también
mediante el carácter dramático de sus imitaciones, fue asimismo el
primero en bosquejar para nosotros las formas generales de la comedia
al producir no una invectiva dramática, sino un cuadro dramático de lo
ridículo; sus margites en verdad se hallan, respecto a nuestras
comedias en la misma relación que la Ilíada y la Odisea frente
1449a a nuestras tragedias. Pero tan pronto como la tragedia y la
comedia aparecieron en el ambiente, aquellos naturalmente atraídos por
cierta línea de poesía se convirtieron en autores de comedias en lugar
de yambos, y los otros (5) inclinados por su índole a una línea
distinta, en creadores de tragedias en lugar de epopeyas, porque estos
nuevos modos del arte resultaban más majestuosos y de mayor estima que
los antiguos. En cuanto a cuestionar si la tragedia es ahora todo lo
que debe ser en sus elementos formativos, considerar todo ello y
decidirlo teoreticamente y en relación a las representaciones, es un
problema para otra investigación. Esta comenzó ciertamente mediante
improvisaciones, como también la comedia; (10) la primera se originó
con los autores de los ditirambos, la otra con las canciones fálicas,
que todavía perviven como instituciones en algunas de nuestras
ciudades. Y su avance desde entonces fue lento, a través de su
transformación y luego de superar etapas en cada paso. Sólo después de
una larga serie de cambios el movimiento de la tragedia se
detuvo al
* NOTAS *
11 Margites, canción cómica primitiva. Homero habría compuesto algunas
de estas piezas.
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alcanzar su forma natural (15). 1) El número de actores fue primero
aumentado a dos por Esquilo, quien disminuyó la importancia del coro,
e hizo que el diálogo, o la parte hablada, asumiera la misión decisiva
en el drama. 2) Un tercer actor y la escenografía se debieron a
Sófocles. 3) La tragedia adquirió también su magnificencia. Descartó
los (20) relatos breves y el lenguaje chabacano, que debía a su origen
satírico, alcanzó, aunque sólo en un momento tardío de su progreso, un
tono de dignidad; su metro cambió, pues, del trocaico al yámbico. La
razón para su uso originario del tetrámetro trocaico yacía en que su
poesía era satírica y más relacionada con la danza que lo que sucede
ahora. Empero, tan pronto como se introdujo la parte hablada, la
naturaleza misma encontró el metro adecuado. El yámbico (25), según
sabemos, es el más flexible de los metros, como se muestra por el
hecho de que muy a menudo caemos en él en el diálogo, mientras que
resulta raro que hablemos en hexámetros, y esto sólo cuando nos
separamos del tono hablado de la voz. 4) Otro cambio fue la pluralidad
de episodios o actos. En cuanto a los problemas restantes, los adornos
sobreagregados y el relato de su introducción, éstos deben ser
aceptados según se dijo, pues demandaría (30) una tarea muy larga
revisar los detalles. CAPÍTULO V Respecto a la comedia es (como se
ha observado) una imitación de los hombres peor de lo que son; peor,
en efecto, no en cuanto a algunas y cada tipo de faltas, sino sólo
referente a una clase particular, lo ridículo, que es una especie de
lo feo. Lo ridículo puede ser definido acaso como un error (35) o
deformidad que no produce dolor ni daño a otros; la mascara, por
ejemplo, que provoca risa, es algo feo y distorsionado, que no causa
dolor. Aunque los cambios sucesivos en la tragedia y sus autores no
son desconocidos, no podemos decir lo mismo de la comedia; sus etapas
primigenias pasaron 1449b inadvertidas, porque ella todavía no había
sido tomada en serio. Esto aconteció sólo en un momento posterior de
su progreso cuando un coro de comediantes fue oficialmente reconocido
por el arconte; ellos solían ser simples voluntarios. La comedia
alcanzó ya ciertas formas definidas cuando empezó el recuerdo de
aquellos individuos llamados poetas cómicos. Quién fue el que le
proporcionó máscaras, o prólogos, o una pluralidad de actores y otros
elementos es algo que se desconoce. (5) La fábula preparada, o trama,
se originó por cierto en Sicilia, con Epicarmo y Formis; de los poetas
atenienses, Crates12 fue el primero en eliminar la invectiva de la
comedia, y creó argumentos de naturaleza general y no personal, es
decir, fábulas estudiadas o argumentos. La epopeya coincide, pues,
con la tragedia en este contexto, la de ser una imitación de
temas serios (10) en un verso de gran vuelo. Difiere de ella, no
obstante, 1) en que se expresa en una clase dio verso y en forma
narrativa; y 2) por su extensión que se debe a su acción la cual no
tiene límite fijo en el tiempo, mientras que la tragedia se empeña en
* NOTAS *
12 Crates vivió en Atenas alrededor del 470. Se le considera el
verdadero creador de la comedia griega en cuanto universalizó sus
personajes, es decir, eliminó la invectiva personal.
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mantenerse en cuanto es posible dentro de un ciclo solar, o cerca de
esta medida. Esto, insisto, es otro punto de diferencia entre ellas,
aunque al principio la práctica en este respecto fue justamente (15)
la misma tanto en las tragedias como en las epopeyas. Ellas difieren
también (3) en sus elementos constitutivos, pues algunos son comunes a
ambas y otros peculiares a la tragedia; de aquí que un juez en una
buena o mala tragedia es asimismo un juez en la epopeya. Todas las
partes de una epopeya se hallan incluidas en la tragedia; pero
aquellas de la tragedia no se encuentran todas en la épica. CAPÍTULO
VI En tanto reservamos para una consideración posterior la poesía y
la comedia en hexámetros (20), proseguiremos ahora con la discusión de
la tragedia; antes de hacerlo, sin embargo, debemos resumir la
definición resultante de lo que se ha dicho. Una tragedia, en
consecuencia, es la imitación de una acción elevada y también, por
tener magnitud, completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con
adornos artísticos adecuados para las diversas partes de la obra,
presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes
que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis
de tales emociones. Aquí, por "lenguaje enriquecido con adornos
artísticos" quiero decir con ritmo, armonía y música sobreagregados, y
por "adecuados a las diversas partes" significo que algunos de ellos
se producen, sólo por medio (30) del verso, y otros a su vez con ayuda
de las canciones. 1. Ahora bien, puesto que los hombres representan
las acciones, se deduce en primer lugar que el espectáculo (o la
aparición de los actores en la escena) debe ser parte del todo, y en
segundo término la melodía y la dicción: estas dos son el medio de su
imitación. Aquí por dicción quiero decir sólo esto: la composición de
los versos, (35) y por melodía lo que se entiende sin esfuerzo para
requerir explicación. Pero hay más: el tema representado también es
una acción, y la acción requiere actores, los que deben tener por
necesidad sus cualidades distintivas tanto en el carácter como en el
pensamiento, puesto que es a partir de estos hechos que les asignamos
ciertas cualidades a sus acciones 1450a. Por consiguiente, hay en el
orden general de las cosas dos causas, el pensamiento y el carácter de
sus acciones, y por tanto de su éxito o fracaso en sus vidas. Así la
acción (lo que fue hecho) se representa en el drama por la fábula o la
trama. La fábula, en nuestro presente sentido del término, es
simplemente esto: la combinación de los incidentes, o sucesos
acaecidos en la historia; (5) mientras que el carácter es lo que nos
incita a adscribir ciertas cualidades morales a los protagonistas, y
el pensamiento se advierte en todo lo que ellos dicen cuando prueban
un aspecto particular, o quizás enuncian una verdad general. Hay,
pues, en efecto, seis partes en cada tragedia, en conjunto, esto es,
de tal o cual cualidad: la fábula o trama, los caracteres, la dicción
o elocución, el pensamiento, el espectáculo, (10) y la melodía; dos de
ellas surgen del medio, una de la manera, y tres de los objetos de la
imitación dramática. Y no hay nada más aparte de estas seis. De éstas,
elementos formativos por cierto, casi todos los dramaturgos han hecho
debido uso, ya que cada
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drama, se puede afirmar, admite el espectáculo, el protagonista, la
fábula, la dicción, la melodía y el pensamiento. II. Lo más
importante de las seis es la combinación de los incidentes de la
fábula. (15) La tragedia es en esencia una imitación no de las
personas, sino de la acción y la vida, de la felicidad y la desdicha.
Toda felicidad humana o desdicha asume la forma de acción; el fin para
el cual vivimos es una especie de actividad, no una cualidad. El
protagonista nos da cualidades, pero es en nuestras acciones -lo que
hacemos- donde somos felices (20) o lo contrario. En un drama,
entonces, los personajes no actúan para representar los caracteres;
incluyen los caracteres en favor de la acción. De modo que es la
acción en ella, es decir, su fábula o trama la que constituye el fin o
propósito de la tragedia, y el fin es en todas partes lo principal.
Aparte de esto una tragedia es imposible sin acción, aunque puede
haberla sin carácter. Las tragedias de la mayoría (25) de los autores
actuales carecen de carácter, un defecto común entre los poetas de
todas clases, y con su contraparte en la pintura, según el caso de
Zeuxis13 comparado con Polignoto; pues mientras éste es fuerte en
carácter, la obra de Zeuxis carece de él. Y además, se puede concordar
una serie de discursos característicos de la más fina expresión
respecto a la dicción y el pensamiento, y sin embargo es fácil que
fracasen en producir el verdadero efecto trágico; (30) no obstante se
tendrá mucho mayor éxito con una tragedia que por inferior que sea en
estos aspectos, posea en ella una trama y una combinación de
incidentes. Y habría que agregar: los más poderosos elementos de
atracción en la tragedia, las peripecias y los reconocimientos, son
partes de la fábula. Una prueba más concluyente reside en que los
principiantes (35) aciertan mucho antes con la dicción y los
caracteres que con la construcción de la trama, y lo mismo puede
afirmarse de casi todos los dramaturgos anteriores. Sostenemos, en
consecuencia, que lo primero y esencial, la vida y el alma por así
decir, de la tragedia es la fábula, y que los caracteres aparecen en
segundo término. En efecto, hágase el paralelo con la pintura, donde
los más hermosos colores colocados sin orden no nos darán el mismo
1450b placer que el simple esbozo en blanco y negro de un retrato.
Subrayarnos que la tragedia es ante todo una imitación de la acción, y
que es sobre todo por la acción que imita a los agentes actuantes. En
tercer término aparece el elemento del pensamiento, esto es, el poder
de expresar lo que debe (5) decirse, o lo que es adecuado para la
ocasión. Esto es lo que en los discursos de la tragedia cae dentro del
arte de la política y la retórica; pues los viejos poetas hacen hablar
a sus personajes como estadistas, y los modernos como retóricos. No se
debe confundir esto con el carácter. El carácter en un drama es lo que
revela el propósito moral de los protagonistas, es decir, la clase de
hecho que intentan evitar, donde el caso no es claro; de aquí que no
haya lugar para el carácter en un discurso sobre un tema por completo
indiferente. El pensamiento, por lo demás, (10) se prueba en todo lo
que dicen los personajes cuando aceptan o rechazan algún aspecto
particular o enuncian alguna proposición universal. Cuarto entre los
elementos literarios se halla la dicción de los personajes, que como
se ha explicado antes, es la expresión de sus pensamientos en
palabras, que resulta en la práctica lo mismo en el verso que en (15)
la prosa. Respecto de
* NOTAS *
13 Pintor griego, de la escuela jónica, contemporáneo de Parrasio.
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las dos partes restantes, la melodía es el más elevado de los adornos
de la tragedia. El espectáculo, aunque una atracción, es lo menos
artístico de todas las partes, y tiene escasa relación con el arte de
la poesía. El efecto trágico es por completo posible sin una función
pública y sin actores, y además la puesta en escena del espectáculo es
más un problema de la técnica escenográfica (20) que de los poetas.
CAPÍTULO VII Después de haber distinguido las partes, ahora vamos a
considerar la construcción adecuada de la fábula o argumento, en
cuanto ésta es sin duda lo primero y lo más importante en la tragedia.
Hemos establecido que una tragedia es una imitación de una acción que
es completa en sí misma, como un todo de (25) cierta magnitud; pues un
todo puede carecer de magnitud para hablar de él. Ahora bien, un todo
es aquello que posee principio, medio y fin. Un principio es aquello
que necesariamente no adviene después de algo más, si bien algo más
existe o acontece después de esto. El fin, por el contrario, es lo que
naturalmente se deduce de algo más, (30) ya como una consecuencia
necesaria o usual, y no es seguido por nada más. Una trama bien
construida, por consiguiente, no puede ora empezar o terminar en el
punto que se desee; el comienzo y el fin en esto deben ser de las
formas justamente descritas. Así, para ser bella una criatura viviente
(35) y cada todo compuesto de partes debe no sólo presentar cierto
ordenamiento en el arreglo de sus partes, sino también poseer cierta
definida magnitud. La belleza es un problema de tamaño y orden, y por
tanto imposible 1) en una criatura insignificante, dado que nuestra
percepción deviene indistinta cuando ella se aproxima
instantáneamente; o 2) en una criatura de gran tamaño - digamos, mil
estadios de largo - ya que en tal caso en lugar de 1451a ver el objeto
al instante, la unidad y la totalidad de éste se pierde para el
observador. De la misma manera, entonces, así como un todo bello hecho
de partes, o una bella criatura viviente debe ser de determinado
tamaño, pero de un tamaño captable por el ojo, de igual modo una trama
o argumento tiene que poseer cierta extensión, si bien capaz de ser
aprehendida por la memoria. Respecto al límite de la extensión, en
cuanto atañe a las funciones públicas y a los espectadores, ésta no
cae dentro de la teoría de la poesía. Si se tuvieran que representar
cien tragedias, éstas se medirían por la clepsidra, según ha sucedido
en algún tiempo. El límite, empero, establecido por el actual estado
de cosas es éste: cuanto más extensa es la fábula, siempre que resulte
coherente (10) y comprensible
como un todo, será tanto más bella en razón de su magnitud. Según una
fórmula común general, "una extensión que permite al héroe pasar por
una serie de probables o necesarias etapas de la desdicha a la
felicidad, o de la felicidad a la desdicha", puede bastar como límite
para la representación de la trama. (15)
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CAPÍTULO VIII La unidad de la fábula no consiste, según algunos
suponen, en tener un hombre como un héroe, pues la vida de un mismo
hombre comprende un gran número, una infinidad de acontecimientos que
no forman una unidad, y de igual modo existen muchas acciones de un
individuo que no pueden reunirse para formar una acción. Se advierte,
entonces, el error de todos los poetas que han (20) escrito una
Heracleida, una Theseida o poemas semejantes; ellos creen que,
porque Heracles fue un hombre, la historia de Heracles debe ser una
historia. Homero, sin duda, entendió este aspecto muy bien, ya por
arte o por instinto, justamente debido a que excedió al resto en todos
los detalles. Al escribir la Odisea (25) no permitió que el poema
registrara todo lo que por cierto le aconteció al héroe; por ejemplo,
le sucedió ser herido en el Parnaso y también fingirse loco en la
época del
llamado a las armas, pero ambos incidentes no tenían ninguna conexión
necesaria o probable entre sí. En lugar de ello, tomó como tema de la
Odisea, como también de la Ilíada, una acción con la unidad del tipo
que hemos descrito. La verdad es que así como en las otras artes
imitativas (30) una imitación es siempre de una cosa, de igual modo en
la poesía la fábula, como imitación de la acción, debe representar una
acción, un todo completo, con sus diversos incidentes tan íntimamente
relacionados que la transposición o eliminación de cualquiera de ellos
distorsiona o disloca el conjunto. Por tal causa aquello que por su
presencia o ausencia no provoca ninguna diferencia perceptible no
constituye ninguna parte real del todo. (35). CAPÍTULO IX De lo que
hemos dicho se desprende que la tarea del poeta es describir no lo que
ha acontecido, sino lo que podría haber ocurrido, esto es, tanto lo
que es posible como probable o necesario. La distinción entre el
historiador y el poeta 1451b no consiste en que uno escriba en prosa y
el otro en verso; se podrá trasladar al verso la obra de Herodoto, y
ella seguiría siendo una clase de historia. La diferencia reside en
que uno relata lo que ha sucedido, y el otro lo que (5) podría haber
acontecido. De aquí que la poesía sea más filosófica y de mayor
dignidad que la historia14, puesto que sus afirmaciones son más bien
del tipo de las universales, mientras que las de la historia son
particulares. Por proposiciones universales hay que entender la clase
de afirmaciones y actos que cierto tipo de personas dirán o harán en
una situación dada, y tal es el fin de la poesía, aunque ésta fija
nombres propios a los (10) caracteres. Los hechos particulares son,
digamos, lo que Alcibíades hizo o lo que le aconteció. En la comedia
esto ya ha quedado claro, pues los poetas cómicos construían sus
fábulas a partir de acontecimientos probables, y luego añadían algunos
nombres según su capricho; ellos no escribían, como los poetas
yámbicos,
* NOTAS *
14 Tal vez Aristóteles piense aquí en Herodoto, una especie de
corresponsal viajero, que recorrió el mundo entonces conocido en busca
de noticias de todo tipo sin detenerse mucho en comprobar lo que
escribía. Es posible que el Estagirita considerara que Tucídides no
era un historiador sino un artista y un filósofo.
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sobre personas (15) particulares. En la tragedia, sin embargo, se
adherían todavía a los nombres históricos, y por esta razón lo que
convence es lo posible. Mientras no podemos estar seguros de la
posibilidad de algo que no ha sucedido, lo que ha acontecido es desde
luego posible, puesto que no habría sucedido si ello no hubiera sido
así. Sin embargo, aun
en la tragedia hay algunos dramas sólo con uno o dos nombres conocidos
en ellos; el resto es invención. Y existen algunos sin ningún nombre
(20) conocido, por ejemplo Anteo de Agatón15, en el cual tanto los
incidentes como los nombres son creaciones del poeta, y el drama no
resulta por ello menos delicioso. Así pues, parece que no debemos
adherirnos con firmeza a los relatos tradicionales sobre los que se
basan (25) las tragedias. Sería absurdo proceder de este modo, en
efecto, aun cuando las historias conocidas lo son sólo para unos
pocos, si bien ellas son un deleite para todos. Según lo dicho antes
resulta claro que el poeta debe ser más el autor de sus fábulas o
tramas que de sus versos, sobre todo porque él es un poeta en virtud
del elemento imitativo de su trabajo, y son acciones las que imita. Y
si adopta un tema de la historia real, no por eso es menos poeta, ya
que algunos acontecimientos históricos pueden muy bien (30) estar en
el orden probable y posible de las cosas, y en ese sentido, por esos
hechos él resulta su poeta. De las fábulas simples y de las acciones
lo peor resulta lo episódico. Llamo episódico a una fábula cuando no
existe ni probabilidad ni necesidad en la secuencia de los episodios.
Fábulas (35) de esta clase son construidas por malos poetas a causa de
su incapacidad, y por buenos poetas por culpa de los actores. Por
realizar su obra para funciones públicas, un buen poeta a menudo
estruja una fábula más allá de sus aptitudes y se ve así obligado
a retorcer las secuencias de sus accidentes. 1452a La tragedia, por
consiguiente, es una imitación no sólo de una acción completa, sino
también de incidentes que provocan piedad y temor. Tales incidentes
tienen el máximo efecto sobre la mente cuando ocurren de manera
inesperada y al mismo tiempo se suceden unos a otros; entonces
resultan más maravillosos que si ellos acontecieran por sí mismos o
por simple (5) casualidad. En efecto, hasta los hechos ocasionales
parecen más asombrosos cuando tienen la semejanza de haber sido
realizados a designio; así, por ejemplo, la estatua de Mitis en Argos
mató al hombre que había causado la muerte de aquél al caer sobre éste
en una ceremonia. Hechos de tal tipo no parecen sucesos casuales. Por
eso las fábulas de esa clase resultan necesariamente mejores que las
otras. (10) CAPÍTULO X Las fábulas son o simples o compuestas,
puesto que las acciones que representan obedecen naturalmente a esta
doble descripción. A la acción simple, que procede en la forma
* NOTAS *
15 Trágico ateniense, contemporáneo y amigo de Platón. Figura en el
Simposio.
- 11 -
definida, como un todo continuo, (15) la llamo simple, cuando el
cambio en la fortuna del héroe se realiza sin peripecia ni
reconocimiento; y compleja cuando ella encierra una u otra de estas
desventuras, o ambas. Estas acciones deben surgir de la estructura de
la fábula misma, de manera que resultan ser la consecuencia, necesaria
o probable de los antecedentes. Existe una gran diferencia entre (20)
algo que acontece a causa de esto y después de esto. CAPÍTULO XI
Como se ha observado la peripecia es un cambio de un estado de cosas a
su opuesto, el cual concuerda, según ya dije, con la probabilidad o
necesidad de los acontecimientos. (25) Por ejemplo, en Edipo: aquí el
cambio lo produce el mensajero, quien al pretender alegrar a Edipo y
eliminar sus temores respecto de su madre, revela el secreto de su
nacimiento. Y en Linceo, justamente cuando éste es conducido para ser
ejecutado, con Danao a su lado, que ha de hacer cumplir la sentencia,
los incidentes que preceden al hecho se modifican al punto que el
primero es salvado y Danao (30) ajusticiado. El reconocimiento es,
como la misma palabra indica un cambio de la ignorancia al
conocimiento, y así lleva al amor o al odio en los personajes signados
por la buena o la mala fortuna. La forma más refinada de
reconocimiento es la que se logra mediante las peripecias, como
aquellas que se producen en Edipo. Hay, por supuesto, otras formas;
lo que hemos dicho puede suceder en cierta manera con referencia a
objetos inanimados, (35) aun cosas de tipo casual, y es también
posible el reconocimiento si alguien ha hecho o no ha hecho algo. Pero
la forma más directamente relacionada con la fábula y la acción del
drama es la mencionada en primer término. 1452b Esta, junto con la
peripecia, suscitará ora piedad o temor, que son las acciones que la
tragedia está preparada para representar, y que servirán asimismo para
provocar el fin feliz o desdichado. El reconocimiento, en tal caso,
por tratarse de personas, puede ser sólo la de una parte a la otra,
pues la segunda ya es conocida, (5) o bien las partes quizá tengan que
descubrirse. Ifigenia, por ejemplo, fue descubierta por Orestes
mediante el envío de la carta; y otro reconocimiento se requirió para
que Ifigenia lo reconociera a él. Dos partes de la fábula, entonces,
la peripecia y el reconocimiento (10) representan tales incidentes
como éstos. Una tercera parte es el sufrimiento, que podemos definir
como una acción de naturaleza destructiva o patética, así los
asesinatos en la escena, torturas, heridas, etc. Las otras dos ya han
sido explicadas.
CAPÍTULO XII Las partes de la tragedia que han de tratarse como
elementos formativos (15) en conjunto se mencionaron en un capítulo
previo. Empero, desde el punto de vista de su cantidad, es decir, las
secciones separadas dentro de las cuales se divide, una tragedia posee
las
- 12 -
siguientes partes: prólogo, episodio, éxodo y una canción coral,
dividida en párodo16, y estásimo17; estas dos son comunes a todas las
tragedias, mientras que las canciones de la escena y los commoi sólo
se encuentran en algunas. El prólogo es todo lo que (20) precede al
párodo del coro; un episodio es todo lo que entra entre dos canciones
corales completas; el éxodo, todo lo que sigue después de la última
canción coral. En las secciones corales del párodo se halla la primera
expresión total del coro, y un estásimo es una canción coral sin
anapestos o tróqueos. Un commos es un pasaje de lamentos en el que
tanto el coro como los actores toman parte. Ya hemos mencionado las
partes de la tragedia (25) usadas en conjunto como elementos
formativos; las previamente citadas son sus partes desde el
punto de vista de su cantidad, o las secciones separadas en que se
divide. CAPÍTULO XIII Los próximos puntos, después de lo que hemos
dicho antes, son éstos: ¿A qué debe apuntar el poeta y qué debe evitar
al construir sus fábulas? ¿Y cuáles son las condiciones de que depende
el efecto trágico? Comprendemos que para la forma más bella de
tragedia la fábula (30) no debe ser simple sino compleja, y que además
debe imitar acciones que provoquen temor y piedad, puesto que ésta es
la función distintiva de esta clase de imitación. Se deduce, en
consecuencia, que existen tres formas de fábulas que deben evitarse:
1) Un hombre excelente no debe aparecer pasando de la felicidad a la
desdicha, o 2) un hombre malo, de la desdicha a la felicidad. La
primera situación no es piadosa ni inspiradora de temor, sino
simplemente (35) nos es odiosa. La segunda es la menos trágica que
puede presentarse; no tiene ninguno de los requisitos de la tragedia.
No apela ni a los sentimientos humanos en nosotros ni a nuestra piedad
ni a nuestro temor. Por otra parte, tampoco debe 3) un 1453a hombre
malo en extremo deslizarse de la felicidad a la miseria. Tal historia
puede suscitar el sentimiento humano en nosotros, aunque no nos
conducirá ni a la piedad ni al temor; la piedad (5) es ocasionada por
una desgracia inmerecida, y el temor por algo acaecido a hombres
semejantes a nosotros mismos, de modo que no habría en la situación
nada piadoso ni inspirador de temor. Queda, pues, una clase intermedia
de personaje, un hombre no virtuoso en extremo, ni justo cuya desdicha
se ha abatido sobre él, no por el vicio ni la depravación, sino por
algún (10) error de juicio, como es el caso de quienes
gozan de gran reputación y prosperidad, por ejemplo, Edipo, Tiestes, y
los hombres de prestigio en familias ilustres. La fábula perfecta, por
tanto, debe poseer un interés simple no doble (como algunos nos
dicen); el cambio en la fortuna del héroe no ha de ser de la miseria a
la felicidad, sino, al contrario, de la felicidad a la desdicha; (15)
y la causa de esta transformación no ha de residir en ninguna
depravación, sino en algún gran error de su parte, mas el hombre mismo
ha de ser tal como lo hemos descrito, o mejor, no peor que tal
ejemplo. También el hecho confirma nuestra teoría. Aunque los poetas
empezaron por
* NOTAS *
16 Término técnico que denota la aparición del coro en la orquesta o
la canción que cantaba al entrar. 17 Lo que cantaba el coro sin
moverse de su lugar.
- 13 -
aceptar cualquier historia trágica que les vino a la mente, en estos
días las tragedias más bellas son siempre (20) aquellas sobre
reducidas casas ilustres, como las de Alcrneón, Edipo, Orestes,
Meleagro, Tiestes, Telefo, o algunos otros que pueden haberse
involucrado, ya como personajes o víctimas en determinados sucesos de
horror. Teoréticamente entonces, la mejor tragedia posee una trama de
esta descripción. Sin embargo, los críticos se equivocan cuando acusan
a Eurípides por aceptar esta línea (25) en sus tragedias, y dar a
muchas de ellas un fin desdichado. Esta es, según hemos afirmado, la
tendencia correcta que ha de seguirse. La mejor prueba es ésta: en la
escena y en las competencias públicas tales dramas, trabajados con
esmero, se ven como los más verdaderamente trágicos; y Eurípides,
aunque su ejecución fracase en otros aspectos, es considerado no
obstante como el mejor de los dramaturgos (30) trágicos. Después de
estas consideraciones debemos hablar de la construcción de la fábula,
que algunos colocan en primer término, la que puede tener una doble
historia (como la Odisea) y un resultado opuesto para los personajes
buenos o malos. Se la considera la mejor sólo en razón del escaso
gusto del auditorio; los poetas simplemente siguen (35) a su público y
escriben según su dictado. Pero aquí el placer no es el que provoca la
tragedia. Pertenece más bien a la comedia, donde los enemigos más
enconados en la pieza (por ejemplo Orestes y Egisto) se convierten al
fin en buenos amigos, y nadie mata a nadie. CAPÍTULO XIV 1453b El
temor trágico y la piedad pueden ser provocados por el espectáculo;
pero también pueden surgir de la misma estructura y los incidentes del
drama, que es el mejor camino y muestra al mejor poeta. La fábula debe
ser pues tan bien ordenada, que aún sin ver lo que acontece, quien
sólo oye el relato ha de sentirse (5) lleno de horror y piedad ante
los incidentes, que es por cierto el efecto que el simple recitado de
la historia de Edipo produce en el oyente. Provocar este mismo efecto
por medio del espectáculo es menos artístico y requiere la ayuda
escenográfica. Sin embargo, aquellos que utilizan el espectáculo para
colocar delante de nosotros lo que es simplemente monstruoso y que no
produce temor, desconocen por completo el sentido de la tragedia; no
se debe (10) exigir de la tragedia cualquier clase de placer, sino
sólo su propio placer. El placer trágico es el de la piedad y el
temor, y el poeta debe producirlo mediante una tarea de imitación; es
claro, en consecuencia, que las causas deben ser incluidas en los
incidentes de la historia. Veamos entonces qué clase de incidentes nos
conmueven como horribles, más que como piadosos. En un acontecimiento
de este tipo (15) las partes deben por necesidad ser o amigos o
enemigos, o bien indiferentes entre sí. Ahora bien, cuando un enemigo
ataca a su enemigo nada hay en ellos que nos lleve a la piedad en el
hecho o en su meditación, excepto en la medida que concierne al dolor
real del que sufre, y lo mismo es verdadero cuando las partes son
indiferentes. No obstante, cuando el hecho trágico se produce dentro
de la familia, es decir, cuando el asesinato o el daño es premeditado
(20) por el hermano contra el hermano, por el hijo contra el padre,
por la madre contra el hijo, o
- 14 -
el hijo contra la madre, tales son las situaciones que el poeta debe
buscar. Las historias tradicionales deben conservarse como son, por
ejemplo, el asesinato de Clitemnestra por Orestes y de Erifila por
Alcmeón. Al mismo tiempo aún dentro de estos acontecimientos, algo le
queda al poeta mismo; él debe idear (25) la manera correcta de tratar
los hechos. Expliquemos más claramente lo que significamos por "la
manera correcta". El hecho horroroso puede ser realizado por el agente
con conocimiento y con conciencia, como en los viejos poetas y el
asesinato de los hijos por Medea en Eurípides. O puede hacerlo, pero
con ignorancia de su relación, y descubrirlo después, (30) como le
sucede a Edipo en Sófocles. Aquí el hecho está fuera del drama, pero
puede quedar dentro de él, como el acto de Alcmeón en Astidamas o el
de Telégono en Ulises herido. Una tercera posibilidad es la del que
medita (35) una injuria mortal contra otro en ignorancia de su
relación, pero que logra hacer el reconocimiento para detenerse a
tiempo. Lo dicho agota las posibilidades, puesto que el hecho
necesariamente debe ser realizado o evitado a sabiendas o por
ignorancia. La peor situación se presenta cuando el personaje está a
punto de cometer el hecho con todo conocimiento y desiste de él.
Resulta desconcertante y asimismo nada trágico (por la ausencia de
sufrimiento); de aquí que nadie actúa de tal manera, excepto en pocos
casos, por ejemplo Hemón y 1454a Creón en Antígona. Después de esto
se produce la real perpetración del suceso meditado. Una situación
mejor que ésta, sin embargo, es que el hecho se cometa con ignorancia
y la relación sea descubierta después, ya que no hay nada desagradable
en ello, y el reconocimiento ha de servir para asombrarnos. (5) Pero
lo mejor de todo es lo último; es lo que tenemos en Cresfontes, por
ejemplo, cuando Meropea, a punto de matar a su hijo lo reconoce a
tiempo; en Ifigenia, cuando la hermana y el hermano se hallan en una
situación parecida, y en Hella, en el instante en que el hijo reconoce
a su madre cuando está a punto de entregarla al enemigo. Esto
explicará por qué nuestras tragedias están restringidas (según
acabamos (10) de decir) a tan escaso número de familias. Fue lo
accidental más que el arte lo que llevó a los poetas a la búsqueda de
temas para encuadrar esta clase de incidentes en sus fábulas. Ellos se
encuentran todavía obligados a recurrir, pues, a las familias en las
que ocurrieron estas desgracias. Sobre la construcción de la fábula y
la clase de fábula (15) requerida ya se ha dicho demasiado. CAPÍTULO
XV En cuanto a los caracteres existen cuatro puntos que hay que
mencionar. Primero, y sobre todo, que deben ser buenos. Habrá carácter
en un drama si (como se ha observado) lo que el personaje dice o
realiza revela cierto designio moral, y un buen carácter si el
propósito
- 15 -
así revelado es bueno. Puede haber bondad en toda clase de personajes,
hasta en una mujer o un esclavo, (20) aunque la primera es quizás
inferior y el otro un ser totalmente sin valor. El segundo punto es la
adecuación. El carácter ante nosotros debe ser, digamos, viril; pero
no es apropiado en el carácter de una mujer ser viril o inteligente.
El tercer punto es que sea semejante a la realidad, que no es lo mismo
que ser bueno o apropiado, según nuestro sentido (25) del término. En
cuarto lugar, el carácter debe ser coherente y el mismo siempre; aun
si la inconsistencia fuera parte del hombre ante nosotros para la
imitación y presentara esa forma de carácter, debe ser pintado como
coherentemente incoherente. Tenemos un ejemplo de innecesaria bajeza
de carácter en el Menelao de Orestes; de incongruencia e inadecuación
en la lamentación de Ulises en Escilla, y (30) en el inteligente
discurso de Melanipa; y de incoherencia en Ifigenia en Aulide, pues
Ifigenia como suplicante es por completo diferente de lo que será más
tarde. Lo correcto, por tanto, en los caracteres así como en los
incidentes del drama es buscar siempre lo necesario o lo probable; de
modo (35) que cuando tal personaje diga o haga tal cosa, sea la
necesaria o probable consecuencia de su carácter. A partir de esto se
advierte (para formular una digresión) que el desenlace también debe
surgir 1454b de la fábula misma, y no depender de un artificio de la
escena, como en Medea, o en el episodio del embarque (detenido) de los
griegos en la Ilíada. El artificio [deus ex machina] debe reservarse
para problemas fuera del drama para acontecimientos pasados más allá
del conocimiento humano, o sucesos aún por producirse, que requieren
ser intuidos o anunciados, puesto (5) que es privilegio de los dioses
conocer de antemano. Entre los incidentes reales nada debe ser
inexplicable, y si lo fuera debe quedar excluido de la tragedia, como
en Edipo de Sófocles. Pero retornemos a los caracteres. Como la
tragedia es una imitación de personajes mejores que el término medio
de los hombres, nosotros debemos seguir el ejemplo de los buenos
pintores de retratos (10) que reproducen los rasgos distintivos de un
hombre, y al mismo tiempo, sin perder la semejanza, pintarlos mejores
que lo que son. De igual modo el poeta, al representar a los hombres
rápidos o lentos en su ira, o con similar debilidad de carácter,
deben saber cómo dibujarlos como tales, y a la vez como hombres
excelentes, según Agatón y Homero han representado a Aquiles. Todas
estas normas (15) deben conservarse siempre en la mente, como asimismo
aquellas destinadas a los efectos en la escena, las que dependen
directamente del arte del poeta, desde que también en éstas se pueden
a menudo cometer errores. Sin embargo, ya hemos dicho demasiado sobre
el tema en nuestros escritos publicados. CAPÍTULO XVI El
reconocimiento en general ya ha sido explicado. En cuanto (20) a las
clases de reconocimiento, el primero se advierte por ser el menos
artístico, del cual los poetas hacen mucho uso por falta de invención;
es el descubrimiento por signos o señales. De estos signos algunos son
congénitos, "como la lanza que llevan sobre ellos los hijos de la
tierra", o la "estrella", tal la que Carcino exhibe en su Tiestes;
otros signos son adquiridos después
- 16 -
del nacimiento, estos últimos son bien, marcas en el cuerpo, por
ejemplo, cicatrices, o señales externas, como collares, o (para citar
otro (25) ejemplo) el arca en el reconocimiento según el drama Tiro.
Estos signos, empero, admiten dos usos, uno mejor y otro peor; la
cicatriz de Ulises es un ejemplo; el reconocimiento de él a través del
signo se realiza en una forma por la nodriza, y en otra por los
porquerizos. Un reconocimiento que emplea signos como medio de
seguridad es menos artístico, pues en verdad lo son todos los que
apelan a la reflexión; mientras que aquel que produce un
reconocimiento repentino, (30) como la escena del baño, resultan
mejores. Aparte de éstos tenemos los descubrimientos realizados
directamente por el poeta, que son inartísticos por esa misma causa.
Así, en Ifigenia el reconocimiento de Orestes por sí mismo, en tanto
que su hermana revela quién es por una carta; Orestes dice por sí lo
que el poeta quiere, más bien que lo que la fábula demanda. (35) Esto,
en consecuencia, no se aleja de la falta antes mencionada, pues
Orestes pudo haber presentado también cierta seña. Otro ejemplo es la
"voz de la lanzadera" en el Tereo de Sófocles. Una tercera clase es
el reconocimiento a través de la memoria, que despierta la conciencia
de un hombre por algo visto. Así en el drama Los Ciprios de
Diciógenes 1455a la visión del cuadro lleva al hombre a estallar en
lágrimas, y en el Apólogo de Alcino, Ulises al oír la cítara recuerda
el pasado y también llora. Una cuarta clase de reconocimiento se
produce a través del razonamiento, por ejemplo en Las coéforas:
"Alguien que se me parece está aquí; no existe otro (5) como yo,
excepto Orestes; por tanto, él debe estar aquí". Otro ejemplo es el
que el sofista Poleidos sugiere para Ifigenia, pues es probable que
si su hermana fue sacrificada, su destino debe ser el mismo. O el
episodio del Tideo de Teodectes: "Yo vine a buscar un hijo, y yo mismo
he de morir." O también en Las Finidas: al ver el lugar (10) la mujer
infirió su destino, es decir, que morirían allí, desde que se trataba
del lugar en que habían sido expuestas18 al nacer. Existe, asimismo un
reconocimiento incorrecto que surge de un razonamiento erróneo de
parte del público. Un ejemplo de ello se advierte en Ulises, el falso
mensajero: él asegura que reconocería el arco, que no ha visto. El
mejor de los reconocimientos, empero, es aquel que surge de los
incidentes mismos, cuando la gran sorpresa aparece a través de un
hecho probable, como es el caso en Edipo de Sófocles, y también en
Ifigenia, pues es muy probable que ella quisiera enviar una carta a su
hogar. Estos últimos son los únicos reconocimientos independientes del
artificio de los signos y collares. Los mejores después de éstos (20)
son los reconocimientos que dependen del raciocinio.
* NOTAS *
18 El verbo exponer alude al hábito, practicado en Atenas de exponer a
los recién nacidos, especialmente a las niñas, a la intemperie para
que muriesen. En el fondo la costumbre se funda en una razón
económica. Se trataba de una boca más para mantener. La criatura podía
ser adoptada por una familia pudiente.
- 17 -
CAPÍTULO XVII En el momento de construir sus fábulas y determinar la
elocución en que han de quedar enmarcadas, el poeta debe recordar
tener ante sus ojos, en cuanto sea posible, las verdaderas escenas. De
este modo, al observar cada cosa con tal vivacidad como si fuera un
testigo ocular, podrá crear (25) lo que es adecuado y estará menos
expuesto a subestimar las incoherencias. Esto muestra por qué fue
censurado en Carcino que hiciese salir del templo a Amfiarao; el hecho
habría pasado inadvertido si no hubiera sido observado por el
auditorio. En la escena el drama fracasó, pues la incongruencia del
incidente ofendió a los espectadores. Hasta donde es posible también
el poeta debe representar (30) su historia con los mismos gestos de
sus personajes. Dadas las mismas condiciones naturales quien siente
las emociones que deben ser descritas, será el más convincente; el
dolor y el temor, por ejemplo, se pintan con mayor fuerza por quien
las experimenta en ese momento. De aquí que tal poesía demanda un
hombre con especial aptitud para ello, o bien alguien que se sienta
tocado por la locura; el primero puede fácilmente asumir el estado de
ánimo adecuado, y el último es posible que se halle realmente poseído
por el delirio poético. Su fábula, pues, bien ya preparada o de su
propia invención, debe ser primero simplificada 1455b y reducida a una
forma universal, antes de proceder a ampliarla mediante la inserción
de los episodios. Lo siguiente mostrará cómo el elemento universal en
Ifigenia, por ejemplo, puede ser considerado: Cierta doncella,
ofrecida en sacrificio, y misteriosamente desaparecida de la vista de
los sacrificantes, es trasladada (5) a otra tierra, donde la costumbre
era inmolar a todos los extranjeros ante la divinidad, es allí
convertida en la sacerdotisa de este rito. Mucho después de este hecho
el hermano de la sacerdotisa logra llegar al lugar; sucede, sin
embargo que el oráculo, por determinadas razones, le ha rogado ir
hasta allí y la finalidad de su traslado queda fuera de la fábula del
drama. Al llegar, él fue arrestado y estuvo a punto de ser
sacrificado, hasta que revela su identidad, ya como lo dice Eurípides
o (según lo sugiere Poleido) (10) por la natural exclamación: "Así yo
también estoy condenado a ser sacrificado como lo fue mi hermana", y
esta confesión lo salva. Cumplida esta etapa, luego de haber fijado
los nombres propios como base de la fábula, es necesario intercalar
los episodios o incidentes accesorios. Se debe pensar, por supuesto,
que los episodios han de ser adecuados, como el ataque de locura de
Orestes, que provocó su arresto, y la (15) purificación que determinó
su salvación. En los dramas, pues, los episodios son cortos; en la
épica sirven para extender el poema. El argumento de la Odisea no es
largo. Un hombre se ve alejado de su hogar durante muchos años.
Poseidón lo cuida con ojo vigilante, pero él está por completo solo.
En el hogar las cosas han llegado al extremo de que su riqueza ha sido
despilfarrada y la muerte de su hijo (20) es tramada por los
pretendientes de su mujer. Después de muchas aventuras y sufrimientos
consigue regresar; se revela y cae sobre sus enemigos, y
el fin es su salvación y la destrucción de aquéllos. Esto es lo
adecuado en la Odisea; todo lo demás en ella es episódico.
- 18 -
CAPÍTULO XVIII Hay, además, otro punto que debe tenerse presente.
Cada tragedia es, en parte, complicación y, en parte, desenlace; los
incidentes antes de la escena inicial, y a menudo también algunos de
aquellos dentro del drama, forman la complicación, y el resto es el
desenlace. Por complicación significo (25) todo desde el comienzo de
la fábula hasta el instante justamente antes de] cambio en la fortuna
de] héroe; por desenlace, todo desde el comienzo de¡ cambio hasta el
fin. En Linceo de Teodectes19, por ejemplo, la complicación incluye,
junto (30) con los supuestos incidentes, el rapto del niño y a su vez
el de los padres, y el desenlace, todo desde el proceso del asesino
hasta el fin. Ahora bien, si se habla con propiedad, las tragedias
deben clasificarse 1456a7 como similares o diferentes, según sus
fábulas, es decir, de acuerdo con su semejanza en la complicación y en
el desenlace. Sin embargo, hay dramaturgos que después de una buena
complicación fracasan en el desenlace. Lo que se requiere es una
completa maestría en ambas técnicas. Existen cuatro clases 1455b32
distintas de tragedia, que es el número de las partes constitutivas
que ya he mencionado. Primera, la tragedia compleja, donde todo es
peripecia y reconocimiento; segunda, la tragedia patética por ejemplo,
los diversos dramas sobre Ajax e Ixión; tercera, la tragedia de
carácter, como Ftiótides 1456a y Peleo, y cuarta, la tragedia
espectacular, ejemplificada por las Fórcides, Prometeo, y todos los
dramas ubicados en el Hades. El designio del poeta debe ser en
consecuencia combinar todo elemento de interés, si es posible, o bien
los más importantes y la mayor parte de ellos. Esto es ahora necesario
en especial debido a la injusta crítica a que el poeta se ve sometido
en nuestros días. (5) Justamente porque ha habido antes que él poetas
de gran estro en diversas especies de tragedias, los críticos esperan
ahora que un hombre supere lo que fue el punto fuerte de cada uno de
sus predecesores. (10) Se debería recordar también lo que se ha
dicho más de una vez, y no escribir una tragedia con una estructura
épica (es decir, con una pluralidad de fábulas en ella) e intentando
dramatizar, por ejemplo, toda la historia de la Ilíada. En la épica,
debido a su extensión, cada parte se trata según su propia longitud.
En el drama, sin embargo, (15) sobre la misma historia el resultado es
muy decepcionante. Esto se comprende por el hecho de que todo el que
ha dramatizado la caída de Troya en su totalidad, y no parte por
parte, como Eurípides, o toda la historia de Niobe20, en vez de un
fragmento, como Esquilo, o fracasó por completo o ha logrado un éxito
muy pobre en la escena, y sólo por esto y nada más que por esto un
drama de Agatón fue condenado a la ruina. Sin embargo en sus
peripecias, como también en sus (20) simples fábulas estos poetas
muestran un magnífico talento al apuntar a la clase de efecto que
ellos desean, es decir, algo que es trágico y suscita el sentimiento
humano en nosotros, como el villano inteligente (Sísifo, por ejemplo)
engañado, y el malvado valiente, vencido. Esto es probable, empero, en
el sentido de Agatón cuando habla de la probabilidad de las
improbabilidades que suelen ocurrir. (25) El coro también ha de ser
considerado como uno de los actores; debe ser una parte integral del
todo, y participar en la acción, lo que
* NOTAS *
19 Poeta y retórico griego. Quedan escasos fragmentos de sus obras. 20
Personaje mitológico que cayó en desgracia ante los dioses por su
arrogancia.
- 19 -
acontece más en Sófocles que en Eurípides. Con los poetas tardíos, en
efecto, las canciones en sus dramas no tienen más relación con la
fábula que cualquier otra tragedia. De aquí que tales canciones no
sean más que interludios corales, una práctica que introdujo (30)
Agatón por primera vez. Pero, ¿qué diferencia real hay entre el canto
de tales canciones interpoladas e intentar adaptar un discurso, o aun
un acto completo, de un drama a otro? CAPÍTULO XIX Después de haber
discutido la fábula y los caracteres, queda por considerar la dicción
y el pensamiento. Respecto al pensamiento podemos asumir lo que se ha
dicho de él en nuestro tratado de la Retórica, pues aquél pertenece
más bien a este sector (35) de la investigación. El pensamiento
incluye todos los efectos que deben ser producidos por medio del
lenguaje; entre éstos están la prueba o la refutación, la exaltación
de la emoción (piedad, temor, ira, etc.) o 1456b aumentar o disminuir
los hechos. Es claro también que en la acción del drama deben ser
observados los mismos principios, ya sea necesario producir efectos de
piedad o terror, o de grandeza o probabilidad. La única diferencia (5)
es que con el acto la impresión debe ser provocada sin explicación;
mientras que con la palabra hablada tiene que ser producida por el
hablante, y resulta de su lenguaje. ¿Cuál sería, en consecuencia, la
ventaja del hablante si todo apareciera a la debida luz fuera de su
intervención? Respecto a la dicción, un tema de estudio lo constituyen
las diversas formas de expresión, cuyo entendimiento corresponde al
arte de la elocución y es necesario a los estudiosos de este arte, es
decir, la diferencia entre orden y ruego, simple (10) afirmación y
amenaza, pregunta y respuesta, etc. Si el poeta conoce estas cosas o
no las conoce, su arte como poeta no es nunca seriamente criticado por
ese motivo. ¿Qué falta puede observarse en el verso de Homero,
"¡Canta, oh diosa, la cólera!"?, que Protágoras ha censurado como una
orden, donde se impone un ruego, pues rogar a alguien que haga algo o
no lo haga, según nos dice, es una orden. Dejemos esto de lado,
entonces, como perteneciente a otro
arte, y no al de la poesía. CAPÍTULO XX La dicción, considerada
como un todo, se forma de las siguientes partes: las letras (o últimos
elementos), la sílaba, la conjunción, el artículo, el nombre, el
verbo, el caso y el discurso. La letra es un sonido indivisible de una
clase particular, que puede convertirse en factor en un sonido
inteligible. Los sonidos indivisibles son emitidos también por los
animales, pero ninguno de éstos es una letra en nuestro sentido (25)
del término. Estos sonidos elementales son ora vocales, semivocales o
mudos. Una vocal es una letra que tiene un sonido audible sin adición
de otra letra. Una semivocal posee un sonido audible mediante la
adición de otra letra; por ejemplo, S y R. Muda es la que no tiene
sonido por sí misma, pero se torna audible cuando se combina con
letras que poseen (30) sonido; ejemplos son G y D. Las letras difieren
en sonido de acuerdo con la forma de la boca y los
- 20 -
lugares donde se producen, según sean aspiradas o no aspiradas, o
largas, breves o de variable cantidad, y además según tengan acento
agudo, grave y circunflejo. Los detalles de estos problemas debemos
dejarlos a la métrica. La sílaba es un sonido compuesto no
significativo (35), formado por una muda y una letra que tiene sonido
(vocal o semivocal); así GR, sin A, es tanto una sílaba como GRA, con
A. Las diversas formas de la sílaba pertenecen también a la teoría
métrica. Una conjunción es un sonido no significante que cuando forma
con 1457a otro un sonido significante, ni impide, ni lleva a la
producción de una sola emisión significante a partir de la combinación
de los diversos sonidos, y que si el discurso así integrado permanece
separado (aparte de otros discursos), no debe insertarse al comienzo
de éste; por ejemplo mén, deé, toi, dé.21 O bien es un sonido no
significante capaz de combinar (5) dos o más sonidos significantes en
uno; por ejemplo, anphí, perí, etc. El artículo es un sonido no
significante que marca el comienzo, el fin o el punto de división de
un discurso, y su lugar (10) natural es ora en las extremidades ora en
el medio. El nombre es un sonido compuesto, significante, que no
encierra la idea de tiempo, con partes que no tienen ningún
significado por sí mismas en él. Debe recordarse que en un compuesto
no pensamos, en las partes como si tuvieran un significado por sí
mismas en él; en el nombre "teodoro", por ejemplo, doron no significa
nada para nosotros. El verbo es un sonido compuesto significante que
involucra la idea de tiempo, con partes (15) que (como en el nombre)
no tienen significado por sí mismas en él. Mientras la palabra
"hombre" o "blanco" no implica cuándo, "camina" y "ha caminado"
encierran además de la idea de caminar, la de tiempo presente o
pasado. El caso de un nombre o un verbo indica la relación
"de" o "a" ante una cosa, etc., o si se refiere a uno o a muchos (por
ejemplo "hombre" (20) u "hombres"); o puede consistir simplemente en
el modo de expresión, esto es, pregunta, orden, etc. "¿Caminaba?" y
"¡Camine!" son casos del verbo según esta distinción. El discurso es
un sonido compuesto, significante, algunas de cuyas partes tienen
cierto significado por sí mismas. Observemos que un discurso no
siempre se constituye mediante un nombre y un verbo; puede existir sin
verbo, como la definición (25) de hombre22; pero siempre tendrá alguna
fracción con significado propio. En la frase "Cleón camina", "Cleón"
es un ejemplo de tal parte. Se dice que un discurso es uno en dos
formas, ora como significando una cosa, o bien como unión de diversos
discursos convertidos en uno mediante un nexo apropiado. Así la unidad
de la Ilíada es una por la vinculación de sus partes, y la definición
de hombre lo es por designar una sola cosa. (30) CAPÍTULO XXI Los
nombres pueden clasificarse como simples, por lo que significo
aquellos constituidos de elementos que individualmente no tienen
sentido, como tierra, o como dobles o compuestos. En este último caso
la palabra puede estar compuesta bien de una parte significativa o no
significativa (distinción que desaparece en el compuesto); o de dos
* NOTAS *
21 Estas partículas griegas sirven a los efectos de la pausa y el
ritmo, pero casi no tienen sentido por sí mismas. 22 Aristóteles, Top.
130b.
- 21 -
partes significantes. Puede haber también nombres triples, cuádruples
y aun mayores (35), como sucede entre los masaliotas; tal la palabra
"hermocaicoxanthus"23 y otras. 1457b Cualquiera sea su estructura un
nombre debe siempre ser: la palabra común para una cosa, una palabra
extraña, una metáfora, una palabra de ornato, acunada, alargada,
abreviada o alterada en su forma. Por palabra común significo que es
de uso general en una región, y por la palabra extraña, la que se
emplea en otro pueblo. De este modo la misma palabra puede obviamente
ser a la vez común y extraña, aunque no con referencia al mismo
pueblo; (5) por ejemplo, sígunon (lanza) es una palabra común en
Chipre y extraña para nosotros. La metáfora consiste en dar a un
objeto un nombre que pertenece a algún otro; la transferencia puede
ser del género a la especie, de la especie al género, o de una especie
a otra, o puede ser un problema de analogía. Como ejemplo de
transferencia del género a la especie digo: (10) "Aquí yace mi barco",
pues yacer en el ancla es la permanencia de una clase de cosa.
Transferencia de la especie al género la tenemos en: "Ulises
ha realizado ciertamente diez mil nobles hazañas", pues "diez mil",
que es un número muy grande, se usa aquí en lugar de la palabra
"muchas". La transferencia de una especie a otra se ve en: "Tronchando
la vida con el bronce" o "Separando con el inflexible bronce"; aquí se
usa (15) "quitar" en el sentido de "separar" y "separar" en lugar de
"quitar" y ambas palabras significan "arrebatar" o "eliminar" algo.
Explico la metáfora por analogía como lo que puede acontecer cuando de
cuatro cosas la segunda permanece en la misma relación respecto a la
primera como la cuarta a la tercera;
entonces se puede hablar de la cuarta en lugar de la segunda, y de la
segunda en vez de la cuarta. Y a veces es posible agregar a la
metáfora (20) una calificación adecuada al término que ha sido
reemplazado. Así, por ejemplo, una copa se halla en relación a
Dionisio como
un escudo respecto a Ares, y se puede, en consecuencia, llamar a la
copa escudo de Dionisio y al escudo copa de Ares. O también, la vejez
es a la vida como la tarde al día, y así designar a la tarde como la
vejez del día, según el equivalente de Empédocles24, es decir, la
vejez es la "tarde" o "la puesta del sol de la vida". (25) En algunos
casos no hay nombre para algunos de los términos de la analogía, pero
la metáfora puede usarse de igual modo. Por ejemplo, arrojar la
semilla se llama sembrar, pero no hay palabra para el despliegue solar
de sus rayos; sin embargo, este acto permanece en la misma relación
ante la luz del sol que la siembra frente al cereal, y de aquí la
expresión del poeta "sembrando alrededor la llama creada por dios".
(30) Existe también otra forma de emplear metáforas. Si se ha dado a
la cosa un nombre extraño, se puede mediante una adición negativa
negarle uno de los atributos naturalmente asociados con su nuevo
nombre. Un ejemplo de esto sería llamar al escudo no la "copa de
Ares", como en el caso anterior, sino una "copa que no contiene
vino...". Una palabra acuñada es un nombre que, desconocido por el
pueblo, es inventada por el poeta mismo. Hay palabras de esta clase,
como érnuges para cuernos, y aretér para sacerdote. Se dice que una
palabra (35) se alarga cuando ella tiene una 1458a vocal corta que se
modifica o se le inserta una sílaba extra; por ejemplo, póleeos, por
poléoos
* NOTAS *
23 Destructor de Hermes, en sentido metafórico. 24 Empédocles, frag.
que debieron pertenecer a las Purificaciones.
- 22 -
y Peleniádeoo por Peleídou. Se dice que la palabra se abrevia cuando
pierde una parte, como kri, doo, y ops en mía ginetai amphotéroon ops
(una mirada es producida por ambos ojos). (5) Una palabra es alterada
cuando una parte es dejada tal cual era y otra parte es invención del
poeta: dexiterón usada por dexión, en dexiterón katá maxón (sobre el
pecho derecho). Los nombres mismos, a cualquier clase que
pertenezcan, son masculinos, femeninos o neutros. Todos los que
terminan en ni (n), rho (r), sigma (s), o en las dos compuestas de
ésta, psi y xi son masculinos. Todos los que terminan en las (10)
vocales invariablemente largas, eta y omega y en alfa son
femeninos. Así hay un número igual de terminaciones
masculinas y femeninas, porque psi y xi son equivalentes a sigma
(s). No hay en cambio ningún nombre en muda o en una cualquiera de las
dos vocales breves, epsilón (e larga) y omicrón (o). Sólo tres (méli,
kómmi, péperi, miel, goma, pimienta) (15) terminan en iota (i), y
cinco terminan en upsilón (u). Los nombres neutros terminan en las
vocales variables o en ni (n), rho (r) y sigma (s). CAPÍTULO XXII
La perfección de la dicción consiste a la vez en ser clara sin ser
prosaica. Lo más claro sin embargo, es lo que está constituido por
palabras corrientes, pero esto resulta un lugar común, como se observa
en la (20) poesía de Cleofón y Esténelo. Por otra parte la dicción
deviene distinguida y fuera del nivel cotidiano mediante el uso de
términos dignos, esto es, palabras extrañas, metáforas, formas
alargadas y todo lo que desvía de los modos vulgares del discurso. No
obstante, el empleo exclusivo de tales términos resultará ora un
enigma ora un (25) barbarismo: un enigma, si se abusa de las
metáforas, un barbarismo, si se apela a palabras extrañas. La esencia
misma del enigma es expresar hechos en una combinación imposible del
lenguaje. Este resultado no puede lograrse mediante una simple
sucesión de términos comunes, pero sí es posible por el empleo de
metáforas, como
en el enigma, "Vi a un hombre que con fuego soldaba bronce sobre otro
(30) hombre"25, y otros semejantes. De igual modo el uso de palabras
exóticas lleva al barbarismo. Lo que se necesita entonces es cierta
mezcla de estos diversos elementos. En efecto, las palabras extrañas,
las metáforas, los términos ornamentales, impedirán al lenguaje
tornarse vulgar y prosaico, mientras que los vocablos corrientes le
asegurarán la requerida claridad. 1458b Lo que más ayuda, empero, a
tornar la dicción clara y no prosaica es el uso de formas de palabras
alargadas, breves y alteradas. Su desviación de los vocablos comunes,
al darle al lenguaje un acento distinto del uso general, le otorga una
apariencia no prosaica y en tanto tiene mucho en común con las
palabras de empleo corriente le concede la condición de la claridad.
(5) No es correcto, pues, condenar estos modos del discurso y
* NOTAS *
25 Se trataría, según Dorsch, de un recipiente de bronce, el que
calentado se colocaba sobre una pequeña herida. Una vez enfriado
extraía la sangre. Por su parte, Bywater sugiere que este enigma
podría provenir de Cleobulina, autora de tales acertijos e hija de
Cleóbulo, personaje de su tiempo (580 de la era antigua).
- 23 -
ridiculizar al poeta por utilizarlos, como han hecho algunos; por
ejemplo, Euclides el Viejo, quien afirmó que sería fácil hacer poesía
si fuera permitido alargar las palabras en la narración misma según su
deseo, un procedimiento que él caricaturizó al decir (10) (en griego
vulgar) "yo vi a Epícares en su camino a Maratón"... (original muy
corrompido).26 Un uso demasiado manifiesto de estas licencias tiene,
por cierto, un efecto ridículo, pero no son únicas en el caso; la
norma de la moderación se aplica a todos los elementos del vocabulario
poético. Aun con las metáforas, palabras extrañas y lo demás, el
resultado será el mismo si todo ello se emplea impropiamente y con el
propósito de provocar la risa. (15) El uso correcto de estos elementos
es algo muy distinto. Para advertir la diferencia se debe tomar un
verso épico y observar cómo suena cuando se introducen las palabras
normales. Lo mismo debe hacerse también con las palabras extrañas, la
metáfora y lo restante; pues sólo se deben colocar las palabras
comunes en su lugar para comprobar la verdad de lo que decimos. El
mismo yambo se encuentra, por ejemplo, en Esquilo y en Eurípides, y
como aparece en el primero es un verso pobre, mientras Eurípides, con
el cambio de una sola palabra, (20) el reemplazo de un vocablo
extraño, por lo que en el uso es la palabra corriente, lo hace
aparecer como bello. Esquilo dijo en su Filoctetes: "La úlcera que
come la carne de mi pie". Eurípides simplemente cambió come (esthiei)
por thoinâtai (se sacia con, o se solaza en).
O supongamos para este otro verso: (20) ahora un pícaro despreciable,
repulsivo e insignificante (me ha cegado), otro cambio: "Y ahora un
débil, repulsivo e insignificante pícaro..." O la línea: "Colocó para
mí un viejo asiento y una destartalada mesa", que podría ser: "Me
colocó un viejo banco y una pequeña mesa". (30) O (en Homero)
convertir "la ribera estalla" en "la ribera grita".27 Agreguemos a
esto que Arifrades solía ridiculizar a los trágicos por introducir
expresiones desconocidas en el lenguaje de la vida diaria, como "de
las casas lejos" por "lejos de las casas"" sethen (tuyo, de ti),
egoó dé nin (me casé con ella) y Axilléoos perí en vez de perí
Axilléoos (sobre Aquiles) y otras expresiones. El simple hecho de no
hallarse usadas esas palabras según 1459a el sentido corriente
concede a la dicción un carácter no prosaico, pero Arifrades no
comprendió esta situación. Tiene, en efecto, un alto mérito emplear
con rectitud estas formas poéticas, así como también los compuestos y
las palabras extrañas. Sin embargo, la máxima destreza consiste en ser
un maestro de la metáfora. (5) Esto es lo único que no puede
aprenderse de otros, y es, asimismo un signo de genio, puesto que una
excelente metáfora implica una percepción intuitiva de lo semejante y
lo desemejante.
* NOTAS *
26 ¿Referencia a Euclides de Megara? 27 Todos los ejemplos de este
capítulo aparecen en griego en las ediciones conocidas, salvo, en
parte, la de Dorsch. Se trata de ejercicios retóricos y lingüísticos
sobre el uso de palabras vulgares que desmerecen la dignidad del
verso, según Aristóteles. Hemos vertido los ejemplos con la ayuda del
citado traductor. Estos pasajes tienen un valor relativo y no van al
fondo del problema que trata el filósofo. Cuestiones semejantes se
plantean también en castellano, y el buen gusto debe decidir en última
instancia.
- 24 -
De las clases de palabras que hemos enumerado puede observarse que
las formas compuestas son más adecuadas para el ditirambo, las
palabras extrañas se ajustan mejor al verso heroico, y las metáforas a
la poesía yámbica. Todas ellas, empero, pueden utilizarse también
adecuadamente en el verso heroico. (10) Pero en el verso yámbico, que
en lo posible se modela sobre el lenguaje hablado, los únicos términos
adecuados son aquellos empleados en el discurso, y estas son palabras
del uso corriente, metáforas y vocablos ornamentales. No necesito
decir más sobre la tragedia y el arte de la representación por medio
de la acción. (15). CAPÍTULO XXIII Respecto de la poesía que sólo
narra o imita por medio del lenguaje versificado (sin acción) es
evidente que tiene diversos puntos en común con la tragedia. I. La
construcción de sus fábulas debe ser tan clara como la de un drama;
ellas han de basarse en una acción única, que debe ser un todo
completo en sí mismo, con un principio, (20) medio y fin, de manera
que la obra esté capacitada para producir su propio placer con toda la
unidad orgánica de una criatura viviente. Tampoco debe suponerse que
la épica debe construirse según la manera usual en nuestras historias.
Una historia tiene que tratar no con una acción, sino con un período y
todo lo que aconteció en él a una o más personas, por desconcertantes
que hayan sido los diversos sucesos. De igual modo que dos
acontecimientos (25) pueden suceder al mismo tiempo, por ejemplo, la
batalla naval en Salamina y el enfrentamiento con los cartagineses en
Sicilia, sin concordar en el mismo fin, así también en determinada
secuencia de tiempo dos hechos pueden seguirse uno al otro
sin producir un resultado único. No obstante, se puede decir que la
mayoría de nuestros poetas épicos ignoran esta distinción. (30) En
consecuencia, entonces, para repetir lo que dijimos antes, tenemos una
prueba más del maravilloso talento de Homero respecto de los
restantes. Él no intentó tratar sobre la guerra de Troya en su
totalidad, aunque ésta fue un todo con un definido comienzo y un fin,
pues advirtió, sin duda, que era un relato demasiado extenso para ser
abarcado en su conjunto, o bien (35) en exceso complicado por la
variedad de sus incidentes. Así, seleccionó una parte del todo; muchos
de los otros incidentes, empero, los introdujo como episodios, tales
como el catálogo de los barcos y otros para variar la uniformidad de
su narración. En cuanto a los demás poetas épicos, ellos tratan de un
hombre o un período, o también de una acción, la cual aunque única,
posee una multiplicidad de partes en ella. Esto último es lo que han
realizado los 1459b autores de la Cipriada y la Pequeña Ilíada. Y el
resultado es que mientras la Ilíada o la Odisea proporcionan
materiales para una sola tragedia, o a lo sumo dos, la Cipriada ha
servido para varias, y la Pequeña Ilíada para más de
- 25 -
ocho: Adjudicación de las armas, (5) Filoctetes, Neoptolemo,
Euripilo, Ulises mendicante, las Lacedemonias, la Caída de Troya,
Partida de la flota, Sinón y las Troyanas. CAPÍTULO XXIV Además, la
poesía épica debe dividirse en los mismos tipos que la tragedia; debe
ser simple o compleja, historia de carácter o de sufrimiento. Sus
partes, también, con la excepción de la canción y el espectáculo,
tienen que ser las mismas, (10) pues requiere peripecias,
reconocimientos y escenas de sufrimiento, como la tragedia. Por
último, el pensamiento y la dicción deben ser del nivel requerido.
Todos estos elementos aparecen primeramente en Homero, y ha hecho
correcto uso de ellos. Sus dos poemas son cada uno ejemplos de
construcción: la Ilíada, simple, y una historia patética la Odisea,
compleja (hay reconocimiento a través de ella) y una historia de
carácter. Y son más que esto, puesto que en la dicción y el
pensamiento también superan a todos los otros poemas. Existe, por
supuesto, una diferencia en la épica comparada con la tragedia, en su
extensión y en su metro. En cuanto a la extensión, el límite ya
sugerido ha de bastar: debe ser posible para el comienzo y el fin
de la obra ser abarcados en un conjunto, condición que se cumplirá
si (20) el poema es más breve que la vieja épica, pero limitado a la
extensión del grupo de tragedias ofrecidas para una sola
representación. En cuanto a su extensión la épica tiene una ventaja
especial. En la tragedia no es posible representar diversos pasajes de
la historia simultáneamente; el espectador está limitado a la parte
que los actores desarrollan en la escena. (25) Mientras que en la
épica la forma narrativa torna posible describir un número de
incidentes simultáneos, y éstos, si están relacionados con el tema,
acrecen el interés del poema. Esta es por cierto una ventaja para la
épica, pues tiende a darle grandeza y también variedad de atracción y
ámbito para los episodios de distintas clases. La monotonía (30) de
los incidentes, por el tedio que crea, provoca la ruina de las
tragedias en la escena. En cuanto al metro la experiencia ha mostrado
que el hexámetro heroico es el más apto. Si alguien se atreviera a
escribir un poema narrativo en otros metros, o en una variedad de
ellos la incoherencia sería manifiesta, pues de todos los metros el
hexámetro heroico es el más grave y elevado, (35) ya que posibilita
mejor que otros la admisión de palabras extrañas y metáforas, que es
también un aspecto en el que la forma narrativa de la 1460a poesía va
más allá que todas las otras. El yámbico y el trocaico, por otra
parte, son metros de movimiento, el primero representa la vida o la
acción, el otro la danza. No obstante, sería menos natural aún si se
intentara escribir una épica mediante una mezcla de metros, según lo
hizo Queremón. De aquí que hasta ahora nadie haya escrito un poema en
gran escala sino en verso heroico; la naturaleza misma, como hemos
dicho, nos enseña a seleccionar el metro adecuado para tal historia.
(5) Admirable como es Homero en muchos otros aspectos, lo es en
particular en éste, pues sólo él entre los poetas épicos sabe la parte
que debe desempeñar el poeta mismo en el poema. El poeta tiene que
hablar muy poco de su propia persona, ya que no es imitador en
- 26 -
este caso. Otros poetas siempre aparecen en primer plano y dicen poco
como imitadores, y esto sólo de manera esporádica. Homero (10) luego
de un breve prefacio introduce un hombre, una mujer o algún carácter -
nadie carece de carácter en él- pero cada uno con los matices
distintivos. Lo maravilloso es ciertamente exigido en la tragedia. La
épica, sin embargo, proporciona más ámbito para lo improbable, el
factor principal en lo maravilloso, porque en ella los personajes no
son visibles. La escena de la persecución de Héctor (15) sería
ridícula en la escena: los griegos se hallarían quietos en lugar de
perseguirlo y Aquiles sacudiría la cabeza para contenerlos; pero en el
poema lo absurdo está ausente. Lo maravilloso es, por cierto, causa de
placer, como se deduce por el hecho de que todos relatamos una
historia con agregados, en la creencia de que ofrecemos un deleite a
muchos oyentes. Homero, más que ningún otro, nos ha enseñado a todos
el arte de forjar mentiras de manera adecuada. Me refiero al uso (20)
del paralogismo. Así pues, si una cosa existe porque otra existe, o
acontece porque esta otra acontece, se piensa que si el consecuente
existe también el antecedente existiría, pero este no es el caso.
Justamente porque conocemos la verdad del consecuente somos llevados
en nuestra mente a la errónea inferencia de la verdad del antecedente.
Hay un ejemplo al respecto sobre la historia del baño en la Odisea.
(25) Una imposibilidad probable es preferible a una posibilidad
improbable. Las fábulas no deben constituirse de incidentes
irracionales; todo lo irracional tiene que ser excluido en cuanto es
posible, o si no mantenido fuera del relato, por lo menos; tal la
ignorancia del héroe en Edipo sobre cómo murió Layo; no debe
admitírselo dentro del drama, (30) como el informe de los juegos
píticos en Electra, o el personaje venido a Misia desde Tegea, quien
no musita una palabra en los Misios. De modo que sería ridículo decir,
empero, que una fábula quedaría destruida sin estos incidentes, puesto
que es fundamentalmente erróneo componer tales fábulas. Si el poeta ha
adoptado una fábula, en consecuencia, y se advierte que pudo
componerla de modo más racional, es culpable de absurdidad, como
también de falta de arte. Aun en la Odisea (35) los elementos
irracionales en el episodio del desembarco de Ulises en Itaca no
habrían sido aceptados desde luego si hubieran sido tratados por un
poeta inferior. Sin embargo, el poeta los disimuló y sus otras
excelencias velaron tal 1460b absurdo. La dicción elaborada, por lo
demás, se requiere sólo en los lugares donde no hay acción ni carácter
ni pensamiento para ser revelados. Donde, además, hay carácter o
pensamiento una dicción ornada con exceso tiende a oscurecerlos. (5)
CAPÍTULO XXV Respecto de los problemas y sus soluciones hay que
observar el número y la naturaleza de los supuestos de que proceden
mediante el examen de la cuestión en la siguiente forma. El poeta, por
ser un imitador, justamente como el pintor u otro artífice de
apariencias, debe
- 27 -
en todas las instancias por necesidad representar (10) las cosas en
uno u otro de estos tres aspectos: bien como eran o son, como se dice
o se piensa que son o parecen haber sido, o como ellas deben ser. Todo
esto lo hace el poeta mediante el lenguaje, con una mezcla, quizá de
palabras extrañas y metáforas, como también de diversas formas
modificadas de vocablos, ya que su uso se acepta en poesía. Debe
recordarse, asimismo, que no existe la misma clase de exactitud en
poesía como en política, o aún en otro arte cualquiera. (15) Hay, sin
embargo, dentro de los límites de la poesía misma, la posibilidad de
dos tipos de errores: uno directamente relacionado con el arte, el
otro sólo de manera accidental. Si el poeta quiere describir la cosa
con justeza, y fracasa por falta de poder de expresión, su arte mismo
es defectuoso. Pero si su error reside en que intenta describir algo
de modo incorrecto (hacer, por ejemplo, que el caballo adelante a la
vez las dos patas del lado derecho) tal falla técnica (digamos, (20)
en medicina o alguna otra ciencia especial), o ha dejado deslizar
incoherencias de cualquier género en su descripción, su error, en tal
caso, no radica en la esencia del arte poético. Por consiguiente,
estas deben ser las premisas de las soluciones en respuesta a las
críticas involucradas en los problemas. 1. En cuanto a las críticas
que se refieren al arte mismo del poeta agregaremos lo siguiente.
Todas las imposibilidades que existan en su descripción de las cosas
son faltas. Pero, desde otro punto de vista resultan justificables, si
ellas sirven al fin de la poesía misma, es decir, (25) si (para
confirmar lo que hemos dicho de ese fin) tales imposibilidades hacen
que va la misma parte de la obra u otra cualquiera resulte más
cautivante. La persecución de Héctor es un ejemplo oportuno. Si
ciertamente, el fin poético pudo haber sido alcanzado tan bien o mejor
sin sacrificar los requerimientos técnicos en tales cuestiones, la
imposibilidad no se justifica, puesto que la descripción debe ser, si
es posible, por completo libre de error. (30) Se puede preguntar
también si el error se presenta en un problema directa o sólo
accidentalmente relacionado con el arte poético, porque es una
transgresión menor en un artista no saber, por ejemplo, que la cierva
no tiene cuernos, que producir una imitación irreconocible. II. Si la
descripción del poeta es criticada por no corresponder al objeto, se
puede responder que ese objeto debería ser quizá como se lo ha
descrito, respuesta igual a la de Sófocles, quien dijo que él pintaba
a los hombres como deberían ser, y Eurípides como eran. Si la
descripción, empero, no fuera ni verdadera (35) ni de la cosa según
ésta debería ser, la respuesta debe ser entonces que está de acuerdo
con la opinión. Los relatos sobre los dioses, por ejemplo, pueden ser
tan erróneos como piensa Jenófanes28, ni verdaderos ni algo mejor; son
por cierto de acuerdo con la opinión aceptada. De otras afirmaciones
1461a sobre poesía se puede tal vez afirmar, no que ellas son mejores
que la verdad, sino de acuerdo con la costumbre. Así la descripción de
las armas: "Sus lanzas estaban colocadas rectamente, apoyadas sobre su
base", pues este era el hábito de ubicarlas entre los ilirios.
Respecto a la cuestión de si algo dicho o hecho en un poema es o no
moralmente correcto, al tratarla hay que considerar no sólo (5) la
cualidad intrínseca de la palabra real o el
* NOTAS *
28 Jenófanes. frag. 14, 15 y 16.
- 28 -
suceso, sino también la persona que lo dijo o lo hizo, la persona a
quien se lo dijo o se lo hizo, el momento, el medio y el motivo del
autor, además, si lo hizo para alcanzar un bien mayor o para evitar un
grave mal. III. Otras críticas pueden considerarse si se examina el
lenguaje del poeta: por la apropiación de una palabra extraña (10) en
[Ilíada, 1, 50]donde Homero con oureas quiere tal vez decir centinelas
y no mulas. Y al expresar que Dolón "era de mala forma" [Ilíada, X,
316] su sentido puede referirse a que su cara era fea, pero no deforme
su cuerpo, ya que eueid_s (bien formado) es una palabra cretense que
para nosotros significa euprósopon (rostro hermoso). Así también "más
enérgicamente mezclan el vino" [Ilíada, IX, 202], como para los
borrachos, puede significar "más rápidamente (15) mezclan (o tal vez
sirven) el vino". Otras expresiones de Homero se explican acaso
metafóricamente; por ejemplo en, "Entonces todos los otros dioses y
hombres durmieron a través de la noche" [Ilíada, X, 1, 11, l], si la
comparamos con "y por cierto cuando observaba la llanura troyana [y
oía] el sonido de las flautas y las siringas y el ruido de los
hombres", la voz "apantes", todos, se emplea de manera metafórica por
muchos (pollú), puesto que todos es una especie de muchos. (20) Así
también "sola sin una parte"29 [Ilíada, XVIII,489] tiene sentido
metafórico, pues lo que es bien conocido permanece solo. Un cambio en
el modo de leer una palabra, como sugería Hipias de Taso, puede
resolver una dificultad, como en "nosotros le concedemos", (Soph El.
166b1) y "parte de lo cual se pudre en la lluvia" (en lugar de "no se
pudre en la lluvia"). Otras dificultades pueden resolverse mediante la
puntuación, como en Empédocles30: "Y
rápidamente devenían mortales (25) aquellas cosas que antes habían
experimentado la inmortalidad, y las que previamente habían sido puras
resultaban ahora mezcladas". O bien por ambigüedad, como en Homero: "Y
la noche ha avanzado más de dos tercios, pero queda un tercio". A
veces se trata de hábitos del lenguaje, como "vino mezclado con agua",
al que se llama simplemente vino; y según el mismo principio, Homero
habla de una "canillera de estaño recién forjada". Un trabajador en
hierro es llamado "broncero", y también se dice, según este hábito,
que Ganimedes escancia vino a Zeus, (30) aunque los dioses no beben
vino. Este puede ser también un ejemplo metafórico. Por tanto, siempre
que una palabra parece implicar una contradicción es necesario
reflexionar cuántas formas de entenderla puede haber en el pasaje de
que se trata; así, en Homero, la frase "allá se detuvo la lanza de
bronce", hay que considerarla según los posibles significados de "allá
se detuvo"; bien interpretándola en uno u otro matiz (35) se evitará
mejor la falta de que 1461b habla Glaucón: "Ellos [los críticos]
comienzan mediante un supuesto improbable y luego de aceptarlo
proceden a extraer inferencias y censuran al poeta como si éste
hubiera dicho en verdad lo que ellos le adjudican, cuando su
afirmación contradice las conclusiones de sus oponentes. De este modo
ha sido tratado el silencio de Homero sobre Icario. Algunos críticos
sostienen que éste era espartano y por tanto creen que es extraño (5)
que Telémaco no lo hubiera visitado en ocasión de su llegada a
Esparta. Quizá el hecho sea como lo relatan los cefalonios, según el
cual la esposa de Ulises pertenecía a una
* NOTAS *
29 Dorsch sostiene que esta es una referencia a la Osa Mayor.
30 Empédocles, frag. 35.
- 29 -
familia cefalónica, y que el padre de la mujer se llamaba Icadio, no
Icario. Es probable así que un error de los críticos haya dado lugar
al problema." Si hablamos en general, entonces, lo imposible tiene
que justificarse por causa de una exigencia poética, o un intento de
embellecer (10) la realidad , o bien de aceptar la opinión
tradicional. En cuanto al efecto poético es preferible una
imposibilidad convincente a una posibilidad inaceptable. Aunque
resulte imposible que existan hombres como los que
Zeuxis solía pintar, sin embargo, sería admirable que los hubiera,
pues el artista debe mejorar el modelo. Lo improbable tiene que ser
justificado mostrando o bien que está de acuerdo con la tradición o
aceptando que a veces es improbable pues existe una probabilidad de
que algunas cosas acontezcan también contra la probabilidad. Las
contradicciones halladas en el lenguaje del poeta (15) se deben
examinar ante todo como se hace con las refutaciones del oponente en
un argumento dialéctico para comprobar si él significa lo mismo, en la
misma relación y en el mismo sentido, antes de admitir que ha
contradicho algo que ha afirmado él mismo, o lo que un hombre de sano
juicio aceptaría como verdadero. Sin embargo, no hay disculpa posible
para la improbabilidad de la fábula o la depravación del carácter,
cuando estos elementos no son necesarios y no son usados con
propiedad, como (20) sucede con la improbabilidad de la aparición de
Egeo en Medea, o la ruindad de Menelao en Orestes. Las objeciones de
los críticos, por consiguiente, comienzan con faltas de cinco clases:
la causa es siempre que algo es, imposible, improbable, inmoral,
contradictorio, o contra la exactitud técnica. Las respuestas a estas
objeciones deben buscarse en uno u otro de los criterios antes
mencionados, que son doce. CAPÍTULO XXVI Puede plantearse la
cuestión si la épica o la tragedia es la forma más elevada de
imitación. Es posible argüir que si la forma menos vulgar es la más
digna, y la menos vulgar es siempre la que se dirige al público más
exigente, un arte destinado a todos y cada uno es de orden muy
inferior. Es una creencia arraigada que su público no puede entender
el sentido si no se agrega algo que provoque el movimiento constante
(30) de los actores; los malos flautistas, por ejemplo, ruedan por el
suelo si se representa el lanzamiento del disco, y arrastran tras de
sí al corifeo si representan A Escilla. La tragedia, entonces, según
se afirma, es un arte de esta clase; corresponde a lo que los viejos
actores pensaban de sus
sucesores. Así Minisco llamaba a Calípides "el mono" (35) porque
sobreactuaba en sus partes, e igual reputación 1462a se asignó a
Píndaro.31 Toda la tragedia, en consecuencia, se encuentra frente a la
épica en la misma relación que los actores más recientes ante los
anteriores. La épica, se asegura, se dirige a una audiencia cultivada,
que no necesita el
* NOTAS *
31 Algunos eruditos expresan que el mencionado es otro Píndaro, en
apariencia desconocido por lo demás.
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acompañamiento de gestos; la otra, a un público carente de gusto. (5)
Si, por tanto, la tragedia es un arte vulgar, está claro que debe ser
inferior a la epopeya. La respuesta a esta cuestión es doble. En
primer término, se puede aseverar que el reproche no afecta al arte
del poeta dramático, sino sólo al de los actores. Pues es sin duda
posible también exagerar los gestos en el recitado épico, como hacía
Sosístrato, en el canto, Mnesiteo de Opunte. Sin embargo, no se debe
censurar toda clase de gesticulación, a menos que de paso se condene a
la danza, sino sólo a la de la gente inferior, que es la crítica
realizada contra Calípides, y en el presente (10) a otros que imitan a
las mujeres de baja condición. Por otra parte, la tragedia puede
cumplir sus efectos aun sin movimiento ni acción, de la misma manera
que la poesía épica, pues su cualidad puede juzgarse por la simple
lectura. De modo que si la tragedia es en otros aspectos la más
elevada de las artes, esta desventaja no es necesariamente inherente a
ella. En segundo lugar, hay que recordar que la tragedia tiene todo
lo que posee la épica, ya que admite (15) el mismo metro, y lo que no
es un agregado menor, puede emplear la música y los efectos escénicos,
que son fuente de un real sentimiento de placer. Y este elemento
representativo se experimenta en un drama tanto cuando se lo lee como
cuando se lo representa. Además, la imitación 1462b trágica requiere
menos espacio para el logro de su fin, lo que es una gran ventaja, ya
que lo más concentrado produce mayor placer que lo que se extiende
sobre un largo período de tiempo. Consideremos, por ejemplo, el Edipo
de Sófocles, y el resultado que produciría si se lo alargara en tantos
versos como tiene la Ilíada. Asimismo, hay menos unidad en la
imitación de los poetas épicos, lo que se prueba por el hecho de que
cualquiera de sus obras proporciona material para varias tragedias, de
manera (5) que si estos poetas tratan con una sola fábula, ésta
aparecería trunca si se la representara brevemente, o daría la
impresión de haber sido diluida si se observara la extensión usual de
tales poemas. Al afirmar que hay menor unidad en la épica, me refiero
a una épica compuesta de una pluralidad de acciones, como la Ilíada y
la Odisea, que tienen muchas partes y cada una de cierta amplitud, y
no obstante, estos poemas están construidos de modo tan perfecto (10)
como podían serlo, y cada uno, en la medida en que ha sido posible, es
la representación de una sola acción. Si, por consiguiente, la
tragedia es superior en estos aspectos, y también, además de éstos, en
su efecto poético, desde que ambas formas de poesía deben darnos no
uno o cualquier clase de placer, sino esa clase especial de placer que
hemos mencionado, es evidente que al alcanzar el efecto poético mejor
que la épica, la tragedia ha de ser la forma más elevada del arte.
(15) Esto es todo lo que tenía que decir de la tragedia y la poesía
épica, ya en términos generales o en relación con sus diversas formas
y partes constitutivas; sobre el número y características de estas
partes, respecto al éxito o fracaso de las dos artes, y los distintos
problemas críticos y sus soluciones.
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BIBLIOGRAFÍA Aristóteles, De Poética, Oxford Classical Texts,
Londres, 1946. Aristotle, The Works of, trad., Ross, Oxford, 1959.
Aristote, Poétique, trad. francesa con texto griego de J. Hardy, París
1979. Aristóteles, Poética, trad. de E. Schlesinger, Bs. Aires, 1947,
1950 y 1963.
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1965. Aristóteles, El arte poética, trad. de J. Goya y Muniain (texto
de 1798), reimpreso en Madrid, 1979. Gomperz, Th., Pensadores
griegos, t. III, Bs. Aires, 1952. Guthrie, W. K. C., A History of
Greek Philosophy, vol. VI, Cambridge, 1980. Liddell Scott, A Greek
English Lexicon, Oxford, 1958. Lloyd, G. E. R., Aristotle: The Growth
and Structure of his Thought, Cambridge, 1968. McKeon, R.,
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1946. Ross, D., Aristotle, Londres, 1977. Seyfert, 0., A Dictionary
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