Discurso del premio Nobel de Literatura 2005
HAROLD PINTER
Es un gran honor para mí recibir este reconocimiento por parte de esta
gran Universidad.
Este año padecí una grave operación de cáncer. La operación y sus
efectos posteriores fueron algo así como una pesadilla. Me sentí incapaz
de salir a flote, vagando bajo el agua en la profundidad oscura infinita
del océano.
Sin embargo, me encontré con que emerger desde una pesadilla personal
fue entrar en una infinitamente más generalizada pesadilla pública: la
pesadilla de la histeria, ignorancia, arrogancia, estupidez y
beligerancia norteamericanas.
La nación más poderosa del mundo ha sido siempre conocida,
efectivamente, disputando una guerra contra el resto del mundo. "Si no
estás con nosotros estás contra nosotros", ha dicho el presidente
(estadounidense, George W.) Bush.
También dijo que "no vamos a permitir que las peores armas del mundo
permanezcan en manos de los peores líderes del mundo". Y con razón.
Mírate en el espejo, colega. Eso eres tú.
Estados Unidos está desarrollando en estos momentos sistemas avanzados
de armas de destrucción masiva y se prepara para usarlas cuando lo
considere oportuno.
Posee más que todo el resto del mundo junto. Se ha alejado de los
acuerdos internacionales sobre armas químicas y biológicas, negándose a
permitir cualquier inspección de sus propias factorías.
La hipocresía que hay detrás de sus declaraciones públicas y de sus
propias acciones es casi un chiste. Los Estados Unidos creen que los
tres mil muertos en Nueva York son los únicos muertos que cuentan, los
únicos muertos que importan.
Son muertos norteamericanos. Las otras muertes son irreales,
abstractas, sin consecuencias. Nunca ha habido referencias a los tres
mil muertos en Afganistán. Los cientos de miles de niños iraquíes
muertos a partir de las sanciones inglesas y norteamericanas que les han
privado de medicinas esenciales tampoco son nombrados.
Los efectos del uranio empobrecido, usado por Norteamérica en la guerra
del golfo, no se mencionan. Los niveles de radiactividad en Irak son
asombrosamente altos. Los bebés nacen sin cerebro, sin ojos, sin
genitales. Cuando tienen orejas, bocas o rectos, todo lo que sale de
esos orificios es sangre.
No se ha hecho referencia a los doscientos mil muertos en Timor este en
1975, provocados por el gobierno indonesio inspirado y apoyado por los
Estados Unidos.
Tampoco al medio millón de muertos en Guatemala, Chile, El Salvador,
Nicaragua, Uruguay, Argentina y Haiti en acciones apoyadas y
subvencionadas por los Estados Unidos. De los millones de muertos en
Vietnam, Laos y Camboya ya no se habla más.
La penosa y desesperada situación del pueblo palestino, un factor
esencial en el desequilibrio mundial, apenas es referida. "Qué juicio
equivocado, que mala interpretación de la historia es todo esto".
La gente no olvida. No olvidan la muerte de sus amigos, no olvidan la
tortura y la mutilación, no olvidan la injusticia, no olvidan la
opresión, no olvidan el terrorismo de los poderosos. Pero no
solamente no lo olvidan: lo padecen de nuevo.
La atrocidad de Nueva York fue predecible y evitable. Fue un acto de
represalia contra las constantes y sistemáticas manifestaciones de
terrorismo de estado por parte de los Estados Unidos durante muchos años
en todos los rincones del mundo.
En Gran Bretaña la gente está siendo ahora advertida para estar
"alerta" en prevención de potenciales actos terroristas. La expresión
resulta en sí misma descabellada. ¿Cómo puede ser encarnada en realidad
la "alerta pública"? ¿Llevando un pañuelo sobre tu boca para defenderte
de gases venenosos?
Sin embargo, los ataques terroristas son bastante probables, el
resultado inevitable de la despreciable y vergonzosa sumisión de nuestro
primer ministro a los Estados Unidos.
Parece ser que un ataque terrorista con gases venenosos en el metro de
Londres fue evitado recientemente. Pero puede tener lugar de hecho.
Miles de escolares viajan en el metro cada día.
Si se produce un ataque con gas venenoso y mueren, la responsabilidad
caerá totalmente sobre las espaldas de nuestro primer ministro. No es
necesario señalar que él no viaja en metro.
La Guerra planificada contra Iraq es de hecho un plan para el asesinato
premeditado de miles de civiles para, aparentemente, rescatarles de su
dictador.
Los Estados Unidos y Gran Bretaña siguen una carrera que puede llevar
únicamente a una escalada de violencia a nivel mundial y, finalmente,
a la catástrofe.
Es obvio, no obstante, que Estados Unidos revienta de ganas de atacar a
Iraq. Creo que lo hará, no sólo para controlar el petróleo iraquí, sino
porque la administración norteamericana es ahora un animal salvaje
sediento de sangre.
Las bombas son su único vocabulario. Muchos americanos, los sabemos,
está horrorizados ante la postura de su gobierno, pero esto parece ser
inútil.
Al menos que Europa encuentre la solidaridad, la inteligencia y la
valentía como para enfrentarse y resistir al poder de Estados Unidos,
Europa misma merecerá la definición de Alexander Herzen (como citó el
periódico The Guardian en Londres recientemente): "Nosotros no somos los
médicos. Somos la enfermedad".
"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles,
pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas".
Lucio A. Séneca.-
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